Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

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Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Dom Mar 10, 2013 10:29 am


Mels Carmichael, reportera del periódico Caldwell Courier, recibe el susto de su vida cuando un hombre trastabilla frente a su coche fuera del cementerio local. Después del accidente, su amnesia es justo el tipo de misterio que le gusta resolver, pero pronto descubren que averiguar su pasado los sobrepasa. Sobrepasados con pasión, también... Mientras sombras cruzan la línea entre la realidad y otro reino, y la memoria de su amante comienza a regresar, ambos aprenden que nada está realmente muerto y enterrado. Sobre todo cuando estás atrapado en una guerra donde todo se vale entre ángeles y demonios. Y Mels con el alma en la línea y el corazón en riesgo, ¿Qué en el cielo -o el infierno- se necesitará para salvarlos?


Después de que la reportera Mels Carmichael golpea a un hombre desaliñado con su coche fuera del cementerio local, le hace una visita al extraño al hospital. Lo único que recuerda de su pasado es ver un nombre escrito en una lápida: la de Jim Heron -un ángel caído encargado de rescatar almas de los siete pecados capitales. Ahora, mientras Mels lucha por ayudar a este misterioso extraño a re-descubrirse a sí mismo, Heron en persona vuelve para prepararse para una batalla entre el bien y el mal.


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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Dom Mar 10, 2013 10:38 am

Capitulo Uno

Traducido por Clyo
Corregido por maka.mayi


Una tumba.
Y no, era como en serio. Como en una la lápida y tierra recién removida, como en un cuerpo enterrado, como en cenizas a las cenizas, polvo al polvo.
Matthias estaba desnudo en una tumba. En medio de un cementerio que se extendía hasta tan lejos como podía ver.
Lo primero en lo que pensó, fue en los tatuajes en la espalda que había hecho que sus hombres consiguieran de la Parca de pie en un campo de placas de mármol y granito.
Jodidamente irónico, en serio—y tal vez iba a ser cortado en lonchas y pedacitos por una guadaña en cualquier momento.
Trata de decir eso rápido tres veces.
Parpadeando para aclarar lo poco que tenía de visión, reunió sus miembros cerca de su torso para conservar el calor, y esperó a que la escena cambiara de nuevo a su realidad. Cuando nada sucedió, se preguntó a donde había ido la pared que lo había mantenido encerrado por una eternidad.
¿Habría conseguido liberarse al fin de la empalagosa, y bulliciosa fosa de tortura?
¿Estaba fuera del infierno?
Con un gemido, trató de levantarse, pero no era lo suficientemente fuerte sino para levantar apenas la cabeza. Por otra parte, sabia de primera mano que los fanáticos religiosos habían tenido razón en muchas cosas, de la clase que evitarían que un tipo tome una siesta tranquila: De hecho, los pecadores si van hasta abajo, y no a Australia, y una vez que estuvieras allí, el sufrimiento hace que todas las cosas de las que te quejabas cuando estabas vivo se vieran como un pase gratis a Universal Studios.
Había un Satanás.
Y su sala de estar era un asco.
Aunque los religiosillos no habían conseguido todo bien. Resultó que Satanás no tenía cuernos o una cola, ni tenía un trinchete , ni tenía pezuñas hendidas, tampoco. Ella era una perra y media, sin embargo, si le gustaba usar bastante rojo. Por otra parte, las morenas se ven bien en ese color—por lo menos, eso es lo que se decía...
Con su ojo izquierdo, el que funcionaba, parpadeó de nuevo, preparándose para su regreso a la caliente oscuridad densa, con los gritos de los condenados timbrando en sus oídos, y su propio dolor rasgando su garganta y estallando en sus labios agrietados...
Nop. Todavía en una tumba. En un cementerio.
Con el culo afuera.
Aguantándoselas, él consiguió echar un vistazo alrededor de las tumbas de mármol blanco, y parcelas familiares marcadas con ángeles, estatuas e imágenes fantasmales de la Virgen María—aunque las tumbas de bajo perfil en la tierra eran mucho más comunes, como si los enanos de la camada se hubieran apoderado del lugar. Los pinos y arces arrojaban sombras sobre la hierba de primavera desaliñada y bancos de hierro forjado. Farolas brillaban en color durazno en la parte superior como velas en una torta de cumpleaños, y los caminos sinuosos podrían haber sido románticos en cualquier otro lugar.
Aquí no lo eran. No en este contexto de muerte—
De la nada, escenas de su vida pasaron por sus ojos, por lo que se preguntó si no estaba disfrutando de una segunda oportunidad para morir. O una tercera, como era el caso.
No había felices-felices en la retrospectiva. Ninguna amada esposa o hijos hermosos, ni un altar blanco ni nada. Sólo cuerpos muertos, docenas de ellos, cientos de ellos, todos los que él había matado, o había ordenado asesinar.
Él había hecho el mal, el verdadero mal, durante su vida.
Se obligó a sentarse frente a la suciedad, su cuerpo era un rompecabezas que no encajaba bien, sus partes y piezas atascadas en zócalos y sus articulaciones se sentían flojas en algunos lugares y apretadas en otros. Pero, eso es lo que pasa cuando te haces el Humpty Dumpty , y los médicos y tus poderes curativos limitados son todo lo que tienes para poner tus cosas juntas de nuevo.
Cambiando su mirada al frente de la lápida, frunció el ceño.
James Heron.
Jesús Cristo, James Heron...
Ignorando el hecho de que le temblaba la mano, trazó las letras profundamente grabadas, sus dedos hundiéndose en lo que había sido tallado en el pulido granito gris.
Una respiración entrecortada dejó su pecho, como si el dolor que sintió de pronto detrás de sus costillas hubiera intimidado al oxígeno de sus pulmones.
Él no había tenido ni idea de que había una recompensa eterna, que tus obras eran de hecho contadas y pesadas, que había un juicio que tendría lugar poco después del golpeteo final de su corazón. Sin embargo, eso no era de lo que se trataba el dolor. Era el conocimiento de que incluso si hubiera sabido lo que le esperaba, no habría sido capaz de hacer algo diferente.
—Lo siento, —dijo él, preguntándose exactamente con quién estaba hablando—. Lo siento tanto joder...
No hubo respuesta.
Levantó la vista hacia el cielo. —¡Lo siento!
Aun no hubo respuesta, y eso estaba bien. Sus lamentos estaban tan atascados en su cabeza, que no había mucho espacio para la entrada de ninguna fiesta de reivindicación de todos modos.
Mientras luchaba por levantarse sobre sus pies, la parte inferior de su cuerpo se dobló y se hundió, por lo que tuvo que apoyarse en la lápida para equilibrarse. Dios, era un desastre, sus muslos estaba salpicados de cicatrices, el vientre lleno de queloides , una pantorrilla casi en huesos. Los médicos habían hecho milagros con sus engranajes y tornillos, pero en comparación a la forma en la que había nacido, era un juguete roto reparado con cinta adhesiva y pegamento.
Por otra parte, se supone que el suicidio funcionaría. Y Jim Heron era la razón por la que había sobrevivido durante otros dos años. Luego, la muerte lo había encontrado y reclamado, demostrando que la tierra sólo prestaba almas. Qué en el otro lado estaban sus verdaderos dueños.
Por costumbre, miró a su alrededor buscando su bastón, pero luego se concentró en lo que era más probable encontrar: sombras viniendo por él, ya sea aquellas criaturas oleosas procedentes de abajo, o de la variedad humana.
De cualquier manera estaba jodido: Como el ex jefe de XOps, tenía más enemigos que un dictador del tercer mundo, y todos ellos tenían armas o armas que rentar. Y como un rechazado del patio de recreo del diablo, ni que decir que no había salido de su prisión de forma gratuita.
Tarde o temprano, alguien iba a venir tras él, y a pesar de que no tenía nada por qué vivir, su ego por si sólo le exigía dar batalla.
O por lo menos hacer, de sí mismo, un objetivo medio decente.
Empezó con una cojera, y continuó con la gracia de un espantapájaros, su cuerpo sacudiéndose en una serie de espasmos que culminaron con una marcha desordenada que dolía como el infierno. Para conservar el calor, trató de envolver sus brazos alrededor de sí mismo, pero eso no duró mucho. Los necesitaba para compensar los bandazos.
Con sus pies arrastrándose al estilo zombi y su revuelta, su cabeza “a-lo-qué-carajos”, él siguió caminando, cruzando la hierba áspera, pasando por las tumbas, sintiendo el roce de aire frío y húmedo a través de su piel. No tenía idea de cómo había salido. A donde se dirigía. Qué día, mes o año era.
Ropa. Abrigo. Alimento. Armamento.
Una vez que haya asegurado lo básico, se preocuparía por el resto de cosas. Suponiendo que algo no se lo llevara antes, después de todo, un depredador herido se convertía rápidamente en una presa. Era la ley de la naturaleza.
Cuando se acercó a un edificio de piedra con una franja en forma de caja de hierro forjado, asumió que era sólo otra tumba. Pero el nombre del Cementerio Pine Grove a través de su frontón , y la brillante cerradura maestra en la puerta principal sugirió que era el centro de equipo de las instalaciones.
Afortunadamente, alguien había dejado una de las ventanas entrecerrada en la parte posterior.
Naturalmente, la cosa estaba pegada como una lapa en su posición.
Recogiendo una rama caída, hizo gancho en la abertura, y la empujo hasta que la madera se inclinó y apretó sus brazos fuertemente.
La ventana se movió y dejó escapar un chillido agudo.
Matthias se congeló.
Pánico, desconocido, pero aprendido a la brava, lo tenía retorciéndose alrededor y buscando las sombras. Conocía ese sonido. Era el ruido que los secuaces del demonio hacían cuando venían por ti—
Nada.
Sólo tumbas y luces de gas que, sin importar lo mucho que su glándula suprarrenal sugiriera lo contrario, no se convirtieron en algo más.
Maldiciendo, hizo un último esfuerzo, usando la rama como un cabrestante hasta que tuvo suficiente espacio para pasar. Conseguir levantar su culo por encima de la tierra fue una producción, pero una vez que tenía los hombros dentro, dejó que la gravedad hiciera el resto del trabajo. El piso de concreto en el que aterrizó se sintió como si tuviera bobinas refrigerantes en él, y tuviera que tomar una ST , su aliento se arrastró por su garganta, su estomago cayó en un giro mientras el dolor crepitó en demasiados lugares como para contarlos—
Sobre su cabeza, luces fluorescentes parpadearon en el techo, y luego brillaron con firmeza y seguridad, cegándolo.
Malditos sensores de movimiento. Lo bueno era que tan pronto como sus ojos se ajustaron, tuvo una clara vista de todo tipo de cortadoras de césped, desmalezadoras, y carretillas. ¿La desventaja? Él era un diamante en un joyero, listo para ser agarrado.
Más allá, en la pared, colgaban de ganchos, como pieles de animales muertos, juegos de monos impermeables esperando que alguien sin un guardarropa los utilizara, y él agarro algo para ponerse por debajo y encima. Las cosas estaban diseñadas para colgar sueltas, pero en él se agitaban como velas de un barco.
Mejor. Mejor con la ropa, a pesar de que olía a fertilizantes y los roces iban a convertirse rápidamente en un problema. Una gorra de béisbol en el mostrador que tenía el logo de los Medias Rojas de Boston y agarró la cosa para conservar el calor del cuerpo, luego miró a su alrededor por cualquier cosa que pudiera usar como bastón. Las palas de mango largo iban a pesarle demasiado para ser eficientes, y no parecía que ninguno de los otros trastos fueran a ayudar.
A la mierda. Su misión crítica más inmediata era alejarse de toda la luz del techo que alumbraba su pequeño desfile de cojera.
Salió por donde había entrado, forzándose a sí mismo a pasar por la ventana abierta de nuevo y aterrizando con fuerza en el suelo. No tenia tiempo para quejarse ni maldecir el impacto, tenía que empezar a moverse.
Antes de morir e ir al infierno, por así decirlo, él había sido el perseguidor. Mierda, toda su vida había sido el cazador, el que acechaba, acorralaba y destruía. Ahora, mientras regresaba a la oscuridad de las tumbas, todo lo intangible de la noche era peligroso hasta que se demuestre lo contrario.
Esperaba estar de vuelta en Caldwell.
Si lo estaba, todo lo que tenía que hacer era permanecer bajo el radar y salir pitando hacía Nueva York, donde tenía un alijo de suministros.
Sí, rezaba por que fuera Caldwell. Cuarenta y cinco minutos al sur de la autopista era todo lo que necesitaba, y él ya había irrumpido ilegalmente. Encontrar un auto viejo y hacerle un puente, también era una habilidad que podría resucitar.
Una vida después, o al menos eso parecía, él se acercó a la verja de hierro forjado que bordeaba toda la superficie del cementerio. La cosa era de diez pies de alto, y con la orilla con puntas que en una vida pasada probablemente habían sido dagas.
Frente a frente con las barras que lo mantenían del lado de los muertos, las agarró con sus manos y sintió el frío del metal devolverle la mano. Mirando hacia arriba, se centró en los cielos. Las estrellas sobre su cabeza en realidad le guiñaban.
Era curioso, siempre había pensado que era sólo un decir.
Inhalando, arrastró el limpio y fresco aire en sus pulmones, y se dio cuenta de que se había acostumbrado al hedor en el infierno. En un principio, había sido lo que más había odiado, ese nauseabundo olor a huevo podrido que invadía la parte posterior de su garganta y viajaba envenenando sus entrañas: Más que un mal olor, ésa había sido una infección que había entrado en su nariz y tomado el control de allí, convirtiendo todo lo que estaba en su territorio en algo de su propiedad.
Pero se había habituado a él.
Con el tiempo, y en medio del sufrimiento, se había aclimatado al horror, la desesperación, el dolor.
Su ojo malo, con el que no podía ver, se humedeció.
Nunca iba a lograr llegar allí arriba, a las estrellas.
Y esta tregua era probablemente sólo una manera de aumentar su tortura. Después de todo, no había nada como un periodo de alivio para revitalizar una pesadilla: cuando regrese a la mierda, el contraste lo afilaría todo, dejando fuera la a climatización, el ilusorio Ctrl-Alt-Supr restablecería las cosas al shock inicial que había sentido.
Ellos volverían a venir por él. Era, después de todo, exactamente lo que se había ganado.
Pero durante todo el tiempo que tuviera, iba a luchar contra lo inevitable—no con la esperanza de evadirlo, no por la posibilidad de un indulto, sino simplemente como una función autónoma de su cableado.
Lucharía por la misma razón que había hecho el mal.
Era simplemente lo que hacía.
Devolviéndose a sí mismo a la tierra, acomodó como mejor pudo sus dos pies en las barras y con su mejor esfuerzo empujó con todo su peso. Una y otra vez. La parte superior se veía a kilómetros de distancia y la distancia sólo le hacia centrarse más en su objetivo.
Después de toda una vida, su mano se cerró en una de las puntas y luego torció su brazo alrededor del punto vicioso.
La sangre fluyó un momento después, cuando pasó la pierna por arriba y metió por la valla la cabeza y los hombros, una de esas afiladas y puntiagudas cosas agarró su pantorrilla y se llevó un pedazo de ella.
No había vuelta atrás, sin embargo. Se había comprometido a esto, y de un modo u otro la gravedad iba a ganar y llevarlo a la tierra—así que era mejor estar en el exterior que en el interior.
Mientras caía libremente, se centró en las estrellas. Incluso estiró la mano para alcanzar alguna de ellas.
El hecho de que simplemente se alejaran cada vez más, parecía ser acertado.


Última edición por maka.mayi el Dom Mar 10, 2013 10:42 am, editado 1 vez





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Dom Mar 10, 2013 10:41 am

Capitulo Dos

Traducido por BarbyA1
Corregido por Alexia_love


Mels Carmichael estaba sola en la sala de redacción. Otra vez.
Eran las nueve de la noche y el laberinto de cubículos del Caldwell Courrier Journal, era solamente equipamiento de oficina, ninguna persona, la emisión de mañana los puso a dormir desde el punto de vista de los reportes, las impresoras estaban ahora haciendo su trabajo del lado opuesto de la gran pared detrás de ella.
Cuando se echó hacia atrás en su silla, los goznes dejaron escapar un chirrido, y convirtió la cosa en un instrumento, tocando una feliz cancioncilla que había compuesto tras muchas noches como esta. El titulo era “Yendo rápido a ningún lado”, y silbó la parte de soprano.
—¿Todavía aquí, Carmichael?
Mels se enderezó y cruzó los brazos sobre el pecho. —Hey, Dick.
Su jefe se deslizó dentro del pequeño espacio que ella tenía, su gabán estaba envuelto en su brazo, y su corbata estaba suelta en su cuello carnoso por otra revisión del juego en Charlie’s.
—¿Trabajando hasta tarde otra vez? —Sus ojos fueron a los botones de la parte delantera de su blusa, como si esperara que el whisky que se había tomado le hubiera dado poderes telequinéticos—. Debo decir, eres muy bonita para esto. ¿No tienes un novio?
—Me conoces, todo sobre el trabajo.
—Bueno… yo podría darte algo en que trabajar.
Mel lo miró, agradable y firmemente. —Gracias, pero estoy ocupada ahora mismo. Haciendo una investigación sobre la prevalencia del acoso sexual en las industrias previamente dominadas por hombres, como las líneas aéreas, la industria de los deportes… periódicos.
Dick frunció el ceño como si sus oídos no hubieran escuchado lo que estaban esperando. Lo que era una locura. La respuesta de ella a su forma de actuar había sido la misma desde el primer día.
Más de dos años de hacerlo callar. Dios, ¿ya había pasado tanto tiempo?
—Es esclarecedor. —Ella se echó hacia delante y dio al ratón un click, quitando el salvapantallas—. Montones de estadísticas. Podría ser mi primera historia nacional. Los problemas de género en la América post-feminista es un tema candente, por supuesto, podría sólo ponerlo en mi blog. ¿Quizá usted podría darme una cita para ello?
Dick cambió su abrigo de lugar. —No te asigné eso.
—Soy una persona emprendedora.
Su cabeza se alzó como si estuviera buscando alguien a quien acosar. —Sólo leo lo que asigno.
—Puede que lo encuentres valorable.
El tipo fue a aflojarse su corbata como si necesitara aire, pero ¡Sorpresa! Ya estaba floja. —Estás perdiendo el tiempo, Carmichael. Te veo mañana.
Mientras se iba, se puso esa gabardina a lo Walter Cronkite suya, esa con las solapas de los 70’, y el cinturón que colgaba haciendo bucles como si su intestino no estuviera donde debería estar. Quizá tenía la cosa desde la década de Watergate , el trabajo de Woodward y Bernstein inspirándolo en sus tempranos veinte a conseguir su propio caso… eso había culminado en un puesto superior en un mediocre pie de imprenta de ciudad.
No es un mal trabajo en absoluto. Simplemente no era un jefe de oficina en el New York Times o el Wall Street Journal.
Eso parecía molestarle.
Así que, sí, no hacía falta ser un genio para atribuir su inadecuación al aburrimiento de un ex timonel calvo, la amargura de una vida de no-todavía cruzándose con el casi-sin-tiempo de un hombre a punto de entrar en los sesenta.
Por otra parte, podía que fuera sólo un cerdo.
Lo que ella tenía en claro era que, con una mandíbula más como un sándwich de jamón que como la de Jon Hamm , el hombre no tenía ninguna razón objetiva para creer que la solución a los problemas de cualquier mujer estuviera en sus pantalones.
Cuando las puertas dobles se cerraron tras él, ella tomó una respiración profunda y se entretuvo fantaseando que un autobús de la Autoridad de transito de Caldwell dejaba huellas de neumáticos en la espalda de ese anacrónico abrigo. Gracias a los cortes presupuestarios, sin embargo, la ATC no recorría Trade Street después de las nueve de la noche, y ahora eran… sip, diecisiete minutos después de esa hora.
Mirando la pantalla de su computadora, sabía que probablemente debería ir a casa.
Su artículo de emprendedor no hablaba realmente sobre jefes de miradas lascivas que hacían que sus subordinadas vieran con cariño a los medios de transporte público como un arma homicida. Hablaba de personas desaparecidas. Los cientos de personas desaparecidas en la ciudad de Caldwell.
Caldie, hogar de los puentes gemelos, lideraba la nación en cuestión de desapariciones. En el último año, la ciudad de unos dos millones había tenido tres veces el número de casos reportados que los cinco condados de Manhattan y Chicago combinados. Y el total de la última década encabezaba la totalidad de las cifras de la Costa Este. Más extraño aún, el enorme número no era el único problema: La gente no solo desaparecía temporalmente. Esas personas nunca volvían y nunca eran encontradas. Sin cuerpos, sin restos, y sin traslados a otras jurisdicciones.
Cómo si hubieran sido absorbidos a otro mundo.
Luego de su investigación, tenía la sensación de que la horrible masacre masiva en una casa de campo el mes anterior tuvo algo que ver con el exceso de desaparecidos…
Todos esos jóvenes alineados en filas, desgarrados.
Los datos preliminares sugieren que muchos de esos identificados habían sido reportados como desaparecidos en un punto u otro de sus vidas. Mucho de ellos eran casos de reformatorios o tenían antecedentes de drogas. Pero nada de eso le importaba a sus familias, ni tenía por qué.
No tenías que ser un santo para poder ser una víctima.
La horripilante escena en los bordes rurales de Caldwell había sido noticia nacional, con cada estación enviando a su mejor hombre a la ciudad, desde Brian Williams a Anderson Cooper. Los periódicos habían hecho lo mismo. Y aún con toda la atención, la presión de los políticos, y las exclamaciones de la comunidad legítimamente angustiada, la historia real aún tenía que aparecer: El DPC estaba tratando de adosarle las muertes a alguien, a cualquiera, pero no habían llegado a nada, incluso a pesar de que trabajaban en el caso día y noche.
Debía haber una respuesta. Siempre había una respuesta.
Y estaba determinada a averiguar los porqués, por el bien de las víctimas y sus familias.
También era el momento de distinguirse a sí misma. Había venido aquí a la edad de veintisiete años, transferida de Manhattan porque era caro vivir en Nueva York, y no estaba llegando lo suficientemente rápido a ningún lado en el New York Post. El plan había sido trasplantarse durante unos seis meses, obtener algunos ahorros en su haber viviendo con su madre, y focalizarse en los chicos grandes: el New York Times, el Wall Street Journal, quizás algún trabajo como reportera en la CNN.
No era como las cosas habían salido.
Concentrándose nuevamente en su pantalla, trazó las columnas que sabía de memoria, buscando el patrón que no estaba viendo… lista para encontrar la llave que abriera la puerta, no solo de la historia, sino también de su propia vida.
El tiempo pasaba y Dios sabía que no era inmortal…
Cuando Mels dejó la sala de redacción alrededor de las nueve y media, esas líneas de datos reaparecían cada vez que pestañeaba, como un videojuego al que hubiera estado jugando durante mucho tiempo.
Su auto, Josephine, era un Honda Civic de doce años con cerca de doscientas millas en él, y Fi-Fi era usada para esperar por ella en la noche fría. Subiéndose, puso en marcha el motor de la máquina de coser y se fue, dejando un trabajo sin salida. Para ir a casa de su madre. A la edad de treinta años.
Que jugadora. ¿Y ella pensaba que mágicamente se despertaría mañana y sería toda una Diane Sawyer sin el spray para el cabello?
Tomando Trade Street fuera del centro de la ciudad, dejó los edificios de oficina atrás, pasó junto a los clubs, y llegó a las aceras abandonadas de traba-tus-puertas de los edificios. En el lado lejano de todas esas ventanas tapiadas, las cosas se ponían mejor cuando entraba en la periferia del mundo residencial, hogar de los ranchos elevados y las calles con nombre de arboles—
—¡Mierrrrrrrrda!
Dando un golpe de volante hacia la derecha, trató de evitar al hombre que apareció abruptamente en el camino, pero era muy tarde. Impactó con él de frente, haciéndolo saltar fuera del pavimento con su parachoques delantero, de forma que él rodó sobre la capota cayendo justo en el parabrisas, el vidrio de seguridad haciéndose añicos en un brillante estallido de luz.
Resultó ser que ese era sólo el primero de los tres impactos.
Ser transportado en el aire sólo podía significar una cosa, y ella tenía la aterradora impresión de él golpeando duramente el pavimento. La trayectoria la llevó fuera de curso, haciendo que su coche se estrellara contra el bordillo. Los frenos desaceleraron el impulso, pero no fueron lo suficientemente rápidos y luego, como si nada, su sedan se elevó a si mismo sobre el aire.
El roble se interpuso en la luz de sus faros, causando que su cerebro hiciera el cálculo en una fracción de segundo: Iba a golpear la maldita cosa, e iba a doler.
La colisión fue parte crujido, parte golpe, un sonido sordo al cual no le prestó un montón de atención, estaba muy ocupada atrapando la bolsa de aire solidificada con la cara, a falta de un cinturón de seguridad regresó para morderle el trasero. O la vagina, como era este el caso.
Chasqueando hacia delante y rebotando hacia atrás, el polvo del SRS se metió en sus ojos, nariz y pulmones, provocándole escozor y asfixiándola. Entonces todo quedó en silencio.
Después de todo, todo lo que pudo hacer fue quedarse donde había terminado, al igual que la pobre y vieja Fi-Fi. Enroscada sobre la bolsa de aire desinflada, tosió débilmente—
Alguien estaba silbando…
No, era el motor, liberando vapor de algo que debería haber estado sellado.
Ella volteó la cabeza cuidadosamente y miró por la ventana del lado del conductor. El hombre estaba en el medio de la calle, yaciendo tan quieto, demasiado quieto.
—Oh…Dios…
La radio del auto volvió a la vida, rasposa al principio, luego ganando tracción eléctrica de algún corto hubiera ocurrido. Una canción… ¿qué era eso?
De la nada, la luz se encendió en el medio de la calle, iluminando el montón de trapos que ella sabía que era un ser humano. Pestañeando, se preguntó si este era el momento en el que aprendería las respuestas de la vida después de la muerte.
No era exactamente la primicia que había estado buscando, pero la tomaría—
No era alguna especie de arribo sagrado. Sólo faros—
El sedán paró en seco y dos personas saltaron por el frente, el hombre yendo con la víctima, la mujer corriendo hacia ella. El Buen Samaritano de Mel tuvo que luchar para abrir la puerta, pero luego de un par de tirones el aire fresco sustituyó al olor plástico y fuerte de las bolsas de aire.
—¿Estás bien?
La mujer estaba en sus cuarentas y lucía rica, su cabello recogido en una cosa sobre su cabeza, sus pendientes dorados parpadeando, sus elegantes ropas combinadas no coincidían con una escena de accidente en lo más mínimo.
Ella levantó un iPhone. —He llamado al novecientos once… no, no, no te muevas. Podrías tener una lesión en el cuello.
Mels cedió a la presión sutil sobre su hombro, permaneciendo tendida sobre el volante. —¿Él está bien?, no lo vi en absoluto… salió de la nada.
Al menos, eso era lo que había querido decir. Lo que sus oídos oyeron fueron murmullos que no tenían sentido.
Al diablo con la lesión en el cuello, ella estaba preocupada por su cerebro.
—Mi esposo es doctor, —dijo la mujer—. Él sabe qué hacer con el hombre. Sólo preocúpate por ti misma…
—No lo vi. No lo vi. —Oh, bien, eso salió más claramente. —Volviendo a casa del trabajo. No lo…
—Claro que no lo hiciste. —La mujer se arrodilló. Si, ella lucía como la esposa de un doctor—tenía ese costoso aroma también—. Sólo quédate quieta. Los paramédicos ya vienen…
—¿Al menos está vivo? —Las lágrimas acudieron a los ojos de Mels, remplazando un aguijón con otro—. Oh, Dios mío, ¿lo he matado?
Cuando comenzó a temblar se dio cuenta de que canción estaba sonando. “Blinded by the light…”
—¿Por qué mi radio sigue funcionando? —murmuró a través de las lágrimas.
—¿Disculpa? —dijo la mujer—. ¿Qué radio?
—¿No la oyes?
La palmadita tranquilizadora que siguió fue de algún modo alarmante. —Sólo respira lentamente, y quédate conmigo.
—Mi radio está sonando.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Dom Mar 10, 2013 10:49 am

Creo que por ahora está bien hasta acá... por favor si ven algún error (soy humana se me pueden pasar algunos) me lo hacen saber :)

Ah y por favor no estén constantemente pidiendo por capítulo, me parece mejor que lean con menores errores si yo los corrijo primero no? por lo que me tardaré un poco ya que tengo cosas que hacer (como estudiar) espero no se enojen mucho :3





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Seles el Dom Mar 10, 2013 1:09 pm

maka buenísimo trabajo!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por shie89 el Dom Mar 10, 2013 1:14 pm

Muchas gracias!!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Dom Mar 10, 2013 1:17 pm

Ah olvide decir que si se ve así todo hacía la izquierda es que las tabulaciones no se copian :| y no pondré espacios en el doc... con espacios estaría gigante el pdf xD

Ah y gracias seles :3 buenísimo trabajo también a todas las traductoras y correctoras que me ayudaron





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Ferchu el Lun Mar 11, 2013 9:18 am

Gracias!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por pumuca el Lun Mar 11, 2013 9:35 pm

Gracias !!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por marc220990 el Lun Mar 11, 2013 10:35 pm

Gracias!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por laluy10 el Mar Mar 12, 2013 12:27 am

gracias maka!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por joaf418 el Mar Mar 12, 2013 2:52 pm

gracias por los capitulos
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Mar Mar 12, 2013 8:59 pm

Capitulo Tres

Traducido por Mayra Alfaro
Corregido por LadyPandora


¿Hace calor aquí? O sea, ¿no crees que hace calor?
Mientras la demonio cruzaba y descruzaba sus kilométricas piernas estilo Gisele Bündchen, estiró el bajo escote de su vestido.
—No Devina, no lo creo. —La terapeuta del otro lado parecía tan cómoda como el sillón en el que estaba sentada, muy acolchado y aparentemente confortable. Hasta su rostro tenía las marcas de la almohada, con todos los rasgos firmes y cubiertos por la preocupación y la compasión—. Pero puedo abrir alguna ventana si eso te haría estar más a gusto.
Devina negó con la cabeza y volvió a meter la mano en su bolso de Prada. Además de su cartera, algo de chicle de menta verde, una botella de agua y una barra de Green & Black’s Organic oscura, había un puñado de lápices de labios YSL Rouge pur Couture. Al menos… deberían estar.
Mientras hurgaba por todos lados, trató de hacerlo normal, como si quizá estuviera volviendo a revisar que no hubiera perdido sus llaves.
En realidad, estaba contando para asegurarse de que todavía hubiera trece tubos de ese lápiz de labios: empezando por la izquierda en el fondo del bolso movió cada uno hacia la derecha. Trece era el número correcto. Uno, dos, tres…
—¿Devina?
… cuatro, cinco, seis…
—Devina.
Cuando perdió la cuenta, cerró los ojos y luchó contra la tentación de estrangular a quien la había interrumpido…
Su terapeuta se aclaró la garganta. Tosió. Hizo un ruido de ahogo.
Devina levantó de golpe los párpados y encontró a la mujer con las manos alrededor del cuello, luciendo como si se hubiera tragado un Happy Meal en mal estado. El dolor y la confusión eran agradables de ver, una pequeña calada de la pipa que tenía a Devina enroscando los dedos de los pies por más.
Pero la diversión no podía seguir por mucho. Si esta terapeuta se le iba, ¿qué es lo que iba a hacer? Estaban progresando, y encontrar otra con la que congeniara, podría costarle un tiempo del que no disponía.
Con una maldición, la demonio llamó de vuelta a sus siervos mentales, renunciando al control invisible que no había sido consciente de haber desechado.
La terapeuta lanzó un profundo suspiro de alivio y miró alrededor. —Yo… ah, creo que abriré esa ventana.
Cuando la mujer hizo los honores, no sabía que sus habilidades psiquiátricas acababan de salvarle la vida. Las dos habían estado reuniéndose cinco veces a la semana durante los últimos dos meses, hablando durante cincuenta minutos al precio de ciento setenta y cinco dólares cada vez. Gracias a las sesiones sobre emociones y mierdas, los síntomas del desorden obsesivo-compulsivo de Devina estaban haciéndose ligeramente más fáciles de soportar y considerando como estaban yendo las cosas en la guerra con ese ángel, Jim Heron, el asesoramiento psicológico iba a ser necesario para la siguiente ronda.
No podía creer que iba perdiendo.
En la última contienda por la supremacía sobre la tierra, ese ángel había ganado dos veces y ella solo una. Solo había cuatro almas más por las que pelear. ¿Si perdía dos más? No iba a quedar nada de ella ni de todas sus colecciones: todo desaparecería, esos preciosos objetos que había adquirido a lo largo de milenios, cada invaluable recuerdo de su trabajo, ido, ido, ido. Y eso no era la peor parte. Sus niños, esas gloriosas almas torturadas atrapadas en su pared, serían incorporadas por el bien, los beatíficos, los impolutos.
Solo pensar en eso era suficiente para hacerla sentir enferma.
¿Y la número uno de las malas noticias? Acababa de ser penalizada por el Creador.
La terapeuta volvió a acomodarse en sus cojines después de capturar un poco de aire fresco. —Bueno, Devina, dime que hay en tu mente.
—Yo… ah… —Cuando aumentó la ansiedad, levantó el bolso e inspecciono el fondo en busca de agujeros, sin encontrar ninguno—. Ha sido duro…
Ninguno de los lápices de labios pudo haberse caído, se decía a sí misma. Y los había contado antes de dejar su guarida. Trece, un perfecto trece. Entonces lógicamente, estaban ahí. Tenían que estar.
Pero… oh, Dios, quizá había puesto el bolso de lado, y uno se hubiese escapado porque olvidara cerrar el cierre…
—Devina —dijo la terapeuta—, pareces muy alterada. ¿Podrías por favor decirme qué es lo que pasa?
Habla, se dijo a sí misma. Era la única manera de salir de esto. Aunque contar, ordenar, comprobar y volver a comprobar parecieran la solución, había pasado siglos en esta tierra haciendo eso sin llegar a algún lado. Y esta nueva forma estaba funcionando. O algo así.
—Ese nuevo compañero de trabajo del que le hablé. —Envolvió los brazos alrededor del bolso, manteniéndolo cerca del cuerpo que adoptó cuando andaba entre los monos—. Es un mentiroso. Un completo mentiroso. Me engañó y fue a mí a quien acusaron de jugar sucio.
Desde que había empezado la terapia, había expresado la guerra con ese ángel caído de Heron en términos en los que un humano del siglo veintiuno pudiera entender: ella y su némesis eran compañeros de trabajo en una firma consultora, compitiendo por la vicepresidencia. Cada alma por la que luchaban era un cliente. El Creador era su director ejecutivo y ellos solo tenían un número limitado de intentos para impresionarlo. Como fuera. La metáfora no era perfecta, pero era mejor que tener que revelarlo todo y tener a la mujer perdiendo su propia mente o pensando que Devina no era solamente una compulsiva sino una demente.
—¿Podrías ser más específica?
—El director ejecutivo nos envió a ambos a hablar con un posible cliente. Al final, el hombre nos dio el trabajo y quiso trabajar conmigo. Todo iba bien. Yo estaba contenta, el cliente estaba… —Bueno, no feliz, justamente. Matthias no se había alegrado para nada, lo que era solo otra razón para que estuviera satisfecha con la victoria: entre más sufrimiento, mejor—. El cliente estaba siendo atendido, y todo estaba establecido, el contrato por el servicio firmado y el asunto zanjado. Y entonces fui arrastrada a una junta llena de sandeces e informada de que ambos tendríamos que volver a hacerle una propuesta al hombre.
—Te refieres a ti y a tu compañero.
—Sí. —Levantó las manos—. Me refiero a que… ¡vamos! ¡Está hecho! El negocio está asegurado, ya está. ¿Y ahora estamos atorados con una repetición? ¿De qué demonios se trata esto? Y luego el director me dijo, ‘bueno, todavía mantienes tu comisión por el contrato.’ Como si eso hiciera que todo estuviera bien.
—Es mejor que si la hubieras perdido.
Devina sacudió la cabeza. La mujer no lo entendía. Una vez que algo era de ella, dejarlo ir, o quitárselo, era como si algo de su verdadero cuerpo fuera removido: Matthias había sido arrancado de su pared y puesto de nuevo otra vez sobre la tierra.
Francamente, el poder del Creador era casi lo único que la asustaba.
Aparte de las compulsiones.
Incapaz de soportar la ansiedad, volvió a abrir de un tirón su bolso y empezó a contar…
—Devina, trabajaste bien con el cliente, cierto.
Hizo una pausa.
—Sí.
—Y tienes una relación con él o con ella.
—Con él. Sí.
—Entonces estás en una posición más fuerte que tu compañero, ¿verdad? —La terapeuta hizo un gesto con las manos, una representación física de “no hay de qué preocuparse.”
—No había pensado en eso. —Había estado muy cabreada.
—Deberías. Aunque te diré que hay algo que me tiene un poco confundida. ¿Por qué el director sintió la necesidad de intervenir? Especialmente si el cliente no solo estaba bajo contrato con la compañía, sino satisfecho.
—Él no aprueba algunos de los… métodos… usados para asegurar el negocio.
—¿Tuyos?
Cuando Devina dudó, los ojos de la mujer hicieron un rápido descenso en dirección a su escote.
—Sí, míos —dijo la demonio—. Pero vamos, conseguí el cliente y nadie puede culpar mi ética laboral, estoy en el trabajo todo el tiempo. Literalmente. No tengo vida a excepción de mi trabajo.
—¿Apruebas las tácticas que usaste?
—Absolutamente. Conseguí el cliente, eso es lo que importa.
El silencio que siguió sugirió que la terapeuta no estaba de acuerdo con todo el asunto de “el fin justifica los medios”. Pero aunque así fuera, ese era su problema y probablemente la razón por la que ya tenía forma de sofá y pasaba sus días escuchando a la gente quejándose sobre sus vidas.
En lugar de dirigir el inframundo y lucir jodidamente sexi con unos Louboutins…
Cuando la ansiedad picó de nuevo, Devina comenzó a volver a contar, pasando los lápices de labios uno tras otro de izquierda a derecha. Uno, dos, tres…
—Devina, ¿qué estás haciendo?
Por un instante casi le atacó de verdad. Pero la lógica y la realidad se impusieron: las compulsiones estaban a punto de controlarla. Y no podía ser efectiva contra un enemigo como Jim Heron si estaba atrapada en un circuito cerrado sobre contar o tocar objetos que sabía perfectamente bien que no podían haberse perdido, movido, ni tomados por alguien más.
—Lápiz de labios. Sólo me estoy asegurando de tener mi lápiz de labios.
—De acuerdo, bueno, quiero que te detengas.
Devina levantó la vista con verdadera desesperación. —Yo… no puedo.
—Sí, puedes. Recuerda, no es sobre las cosas. Es sobre controlar tu miedo de forma que sea más efectiva y permanente que entregarse a las compulsiones. Sabes que el instante de alivio que obtienes al final del ritual nunca, jamás permanece y no llegas a la raíz del problema. Lo importante del asunto es que entre más cedas a las compulsiones, más fuerte es el dominio que tienen sobre ti. La única forma de mejorar es aprender a cargar con la ansiedad y enfocar esos impulsos como algo sobre lo que tienes control, no al revés. —La terapeuta se inclinó, seriamente dispuesta a ser cruel para hacerle un bien—. Quiero que te deshagas de uno.
—¿Qué?
—Deshazte de uno de los lápices de labios. —La terapeuta se hizo a un lado y levantó una papelera de color de piel caucásica—. Ahora.
—¡No! Dios, ¿está loca? —El pánico amenazó en la periferia de su cuerpo, sus palmas empezaron a sudar, sus oídos a zumbar y los pies se le entumecieron. Muy pronto le vendrían mareos, le daría vueltas el estómago, su respiración se entrecortaría, el corazón le latiría intermitente en el pecho. Había pasado por eso durante una eternidad—. Es imposible que pueda…
—Tú puedes, es más, debes. Escoge el color que menos te guste y ponlo en la papelera.
—No tengo un color menos favorito, todos son del mismo rojo. 1 Le Rouge.
—Entonces cualquiera.
—No puedo… —Las lágrimas amenazaban con salir—. No puedo…
—Pequeños pasos, Devina. Esto es el eje de la terapia conductual cognitiva. Tenemos que hacer que pases de tu zona de comodidad, exponerte al miedo y luego hacerte pasar por él para que aprendas que puedes salir por el otro lado de una pieza. Haz eso suficientes veces y empezarás a perder el agarre del desorden sobre tus pensamientos y toma de decisiones. Por ejemplo, ¿qué crees que es va a pasar si tiras uno?
—Que tendré un ataque de pánico. Especialmente cuando llegue a casa y no lo tenga conmigo.
—Y luego, ¿qué?
—Compraré otro para remplazarlo, pero no será el que tiré así que no va a ayudar. Solo me voy poner más compulsiva…
—Pero no te morirás.
Claro que no, era inmortal. Siempre y cuando pudiera ganarle a Jim Heron. —No, pero…
—Y el mundo no se acabará.
Bueno, bajo la situación del lápiz de labios, no. —Pero se siente así.
—Las emociones van y vienen. No son para siempre. —La mujer agitó la pequeña papelera—. Vamos Devina. Intentémoslo. Si es demasiado para que puedas manejarlo, puedes tomar el lápiz de labios de vuelta. Pero necesitamos empezar a enfocarnos en esto.
Como era seguro, un ataque de ansiedad se abrió paso en ella, pero irónicamente, el miedo era lo que la había llevado a pasar por ahí: miedo de que fuera a verse limitada por este problema que no podía controlar; miedo de que Jim fuera a ganar, no porque fuera el mejor jugador en el juego del Creador, sino porque ella se hubiera roto bajo presión; miedo de que nunca fuera a ser capaz de cambiar…
Devina metió la mano en su bolso y agarró el primer lápiz de labios que tocó su palma. Entonces lo tiró. Solo lo dejó caer en la papelera.
El fondo sonó cuando pegó contra las bolas de pañuelos de papel de los anteriores clientes como si las garras del infierno se cernieran sobre ella.
—Buen trabajo —dijo la terapeuta. Como si Devina fuera una niña de cinco años que hubiera dicho bien el alfabeto—. ¿Cómo te sientes?
—Como si fuera a vomitar. —Viendo el recipiente, la única cosa que evitaba que lo hiciera era el hecho de que tendría que hacerlo sobre el lápiz de labios.
—¿Puedes medir tu ansiedad en una escala del uno al diez?
Cuando Devina lanzó un diez, la terapeuta le lanzó un rollo sobre respirar a través del pánico, bla, bla, bla…
La mujer se inclinó de nuevo, como si supiera que no estaba siendo escuchada. —Esto no es por el lápiz de labios, Devina. Y la ansiedad que sientes ahora no te va a durar para siempre. No te forzaremos demasiado, y estarás asombrada por el progreso. La mente humana puede ser recalibrada, pueden ser forjados nuevos patrones de experiencias. La terapia de exposición funciona, es tan poderosa como las compulsiones. Necesitas creerlo Devina.
Con un movimiento de mano, la demonio se limpió el sudor del entrecejo. Después, uniéndose con ella misma dentro de su vestidura de carne humana, asintió.
La mujer tenía razón. Lo que Devina había estado haciendo hasta ahora no había funcionado. Estaba empeorando y lo que estaba en juego era cada vez mayor.
Después de todo, no solo era que estuviera perdiendo… también estaba enamorada de su enemigo.
Y no era que le gustara acordarse de eso.
—No tienes que creer que esto va a funcionar, Devina. Solo tienes que creer en los resultados. Es duro, pero puedes hacerlo. Tengo fe en ti.
Devina miró fijamente los ojos de la mujer y envidió la convicción de la terapeuta. Demonios, con ese tipo de confianza, o te engañabas a ti mismo… o estabas de pie sobre el suelo firme de la experiencia y el entrenamiento.
Hubo un tiempo en que Devina había estado segura de sí misma.
Necesitaba que eso volviera.
Jim Heron había probado ser mucho más que un digno oponente y un buen polvo. Y no iba a permitirle continuar con la ventaja. Perder no era una opción y tan pronto como terminara la sesión, iba a regresar a trabajar con la cabeza clara y despejada de cualquier mierda.
Cerrando los ojos, se recargó en la suave silla, puso las manos en los reposabrazos y enterró las uñas en la vestidura de terciopelo.
—¿Cómo te estás sintiendo? —preguntó la terapeuta.
—Como que de una forma u otra voy a vencerle a esto.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Mar Mar 12, 2013 9:02 pm

Recuerden si han leído los anteriores y notan algún error cometido, me lo hacen saber mis querid@s porque no soy perfecta y a veces meto la pata jujujuju disfruten cuando tenga tiempo (el fin de semana) subo otro cap!!





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Jue Mar 14, 2013 8:36 pm

Gracias por el capi
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nadesda el Jue Mar 14, 2013 11:18 pm

Q padre ya hay 4
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nadesda el Jue Mar 14, 2013 11:32 pm

Alguien m puede mandar envy x favorr
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Pamee el Jue Mar 14, 2013 11:46 pm

Nadesda, como expliqué en el mp que mandé, Envy todavía no está para descargar. Todos los capítulos están en el foro, en la zona de Solo Capítulos, por si quieres leerlos ahí, pero no se pasarán documentos con esos capítulos.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por sherany95 el Vie Mar 15, 2013 1:18 am

gracias por los capis excelente traducción yo se que la ward no es nada fácil para traducir
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por DanielleRoth el Vie Mar 15, 2013 1:20 am

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por cimacaqu el Vie Mar 15, 2013 1:27 am

gracias sigo el tema
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por mamertxe el Vie Mar 15, 2013 9:52 am

Gracias por traducir envy y rapture
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nadesda el Vie Mar 15, 2013 10:49 am

@Pamee escribió:Nadesda, como expliqué en el mp que mandé, Envy todavía no está para descargar. Todos los capítulos están en el foro, en la zona de Solo Capítulos, por si quieres leerlos ahí, pero no se pasarán documentos con esos capítulos.

Ok los leo sq no leo el mp
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Rose-Red el Vie Mar 15, 2013 1:39 pm

Ohhhh Donde puedo conseguir ENVI hacemucho que lo busco...
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por kendra el Vie Mar 15, 2013 1:47 pm

Ya empezamos!, por favor leer los MP, ahi dejo clarito Pame, todo referido a estos dos libros.
es mas dos post mas arriba tienes un link donde te lleva a los capis.
perdon el tono, y te aseguro que estoy tan ansiosa como tu, pero en 4 post, las dos mismas preguntas es medio molesto, y si lo es para mi, imaginate para la administradora
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Rose-Red el Vie Mar 15, 2013 1:51 pm

Guaaaaa me acabo de inscribir y ya me retannnn PERDON POR MOLESTARRRR
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por kendra el Vie Mar 15, 2013 1:56 pm

Rose, no es retar ni tampoco molestar.
no sabia que recien te habias inscripto, pero igual, quiza suena a reto pero es pedir un poco de conciencia, es solo una hoja para leer, no conoces a Pame, pero se enoja y con razon, NO esta todavia, cuando este, TODAS vamos a enterarnos.
Ahora me van a retar a mi, por mis respuestas
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Rose-Red el Vie Mar 15, 2013 2:01 pm

jajaja no te preocupes Kendra si no te conociera ya me habria .....

pero ahora por retona te vas a quedar sin saber quien soy.....
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por kendra el Vie Mar 15, 2013 2:14 pm

ahh no!!! YA quiero saber!! pucha....soy tan cabrona.....jajajja
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nadesda el Vie Mar 15, 2013 4:13 pm

@Rose-Red escribió:jajaja no te preocupes Kendra si no te conociera ya me habria .....

pero ahora por retona te vas a quedar sin saber quien soy.....



Ese avatar se m ase conocido
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por kendra el Vie Mar 15, 2013 4:15 pm

A mi no!!! ayuda!!!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por romantic el Vie Mar 15, 2013 4:33 pm

gracias, buen trabajo
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maryje el Vie Mar 15, 2013 5:11 pm

La capitana Kendra!!!


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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Rose-Red el Vie Mar 15, 2013 5:30 pm

yo a Nadesda nmo la conosco....


ja maryje sip jijiji... es cierto Mary kendra anda de ....
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Mª LUISA el Vie Mar 15, 2013 6:41 pm

Dios que ganas de tenerlo entero el libro.
Besos
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por kendra el Vie Mar 15, 2013 8:55 pm

Malas, ustedes tienen identidades multiples!!! Salvo la dulce Mary...
No paso desapercibida, verdad??? La culpa la tiene el vampiro mandon!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nadesda el Vie Mar 15, 2013 9:59 pm

Si da miedo
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Vie Mar 15, 2013 10:01 pm

Capitulo Cuatro

Traducido por Solewinchester
Corregido por Calíope Cullen

―Solo dígame si está vivo.
Mientras Mels hablaba la enfermera de emergencias situada en la cabecera le dio un pase total. Haciendo aparecer la punta de una lapicera retráctil, la mujer dijo: ―Si firma los papeles del alta, le daré sus prescripciones.
A la mierda con la rutina de la Bic . ―Necesito saber si el hombre vive.
―No puedo divulgar la condición de nadie. HIPAA . Firme esto y podrá ser dada de alta.
Entrelíneas: podrías largarte. Tengo trabajo que hacer.
Maldiciendo en silencio, Mels garabateó en la línea, tomó las dos tiras de papel y la copia que era de ella, y entonces la enfermera Ratched se fue a aterrorizar al siguiente paciente.
Que noche. La buena noticia era que al menos la policía lo tomó como un accidente, reconociendo que ella no había sido negligente ni había estado bajo influencia de nada. Pero todavía había problemas…
Al bajar la mirada a su boleto para irse, exploró los apuntes. Conmoción leve, tensión en el cuello, seguido por cuidados primarios en una semana, o antes si tiene visión doble, nauseas, mareos, o empeoramiento del dolor de cabeza presentado.
Su coche probablemente estaba destrozado.
No había manera de que ese hombre estuviera vivo.
Con un gemido, se levantantó de las almohadas, y su cabeza vendada registró un giro vertical como el de una bailarina. Mientras le daba tiempo a las cosas para que se acomodaran, miró su ropa encima de la silla naranja que se cruzaba en el camino. Ella pudo quedarse con su camisola, corpiño y pantalones puestos durante su examen médico. Blusa, chaqueta y abrigo esperaban para ser puestos de nuevo en servicio.
No había llamado a su madre.
La familia ya había pasado por un accidente de auto, y en ese caso, la persona que no había sobrevivido había sido su padre.
Así que, si, solo mandó un mensaje de texto diciendo que salía con amigos e iba a llegar tarde a casa. La última cosa que necesitaba era a su madre trastornada e insistiendo en recogerla, especialmente dado lo que quería hacer ahora.
Mels se tomo todo el conseguir vestirse con esfuerzo, aunque arrastraba el pie no era solo acerca de ser el pequeño buen paciente. Evidentemente la oportunidad de ser un maniquí de pruebas de choque no es la clase de cosas que puedes olvidar fácilmente. Se sintió anciana, decrepita y extrañamente aterrorizada.
Haber matado a alguien era… incomprensible.
Metiendo los papeles dentro de su cartera, empujó a un lado la cortina verde guisante y encaró a la multitud de la caótica administración: personas en ropa de hospital y batas blancas yendo de un lado a otros, saltando dentro de habitaciones, fuera de ellas, dejando órdenes, tomando otras.
Considerando que ya estuvo en un choque esa noche, fue cuidadosa de no meterse en el camino de nadie mientras buscaba la salida.
La cual no uso.
Enfrente, en la sala de espera estaba llena de varias versiones de detenerse y cojear, incluyendo un tipo con el ojo morado y un mal vendaje en la mano que todavía le sangraba. Levantado la vista hacía ella, la saludo con la cabeza, como si estuvieran vinculados por el hecho de que ella se había metido en una pelea de bar también.
Si, debiste haber visto como se veía ese roble después de que termine con él. En serio.
En el escritorio principal estaba apoyada en el mostrador esperado noticias. Cuando un hombre se le acercó, ella sonrió como si nada fuera gran cosa. ―¿Puedes decirme en cual habitación está el John Doe del accidente de auto?
―Hey, yo la conozco. Usted es periodista.
―Si. ―Ella cavó en su bolso, sacó su pase de prensa, y mostró la cosa como si fuera una credencial del FBI. ―¿Puedes ayudarme?
―Claro. ―Él empezó a tripear en el teclado―. Ha sido movido a una habitación común. Piso seis habitación sesenta y seis. Tome el ascensor por allá, y siga los carteles.
―Gracias. ―Dijo ella golpeando el mostrador: Al menos él sigue respirando―. Lo aprecio mucho.
―Tu sabes, no luces tan caliente. ―Dijo el enfermero haciendo un círculo alrededor de uno de sus ojos.
―Noche dura.
―Claramente.
El camino de subida al sexto piso fue un ejercicio que le suspendió el funcionamiento del cerebro. Inestable para empezar, la subida hizo que su oído medio dejara de funcionar, y la parte izquierda de su cuerpo colgaba de la baranda al nivel de la cadera. Buena idea poner una ahí; probablemente ellos tendrían un montón de gente mareadas en esta cosa. Y el hecho que el panel fuera de metal gris mate era otro beneficio. No había visto qué aspecto tenia, pero considerando su recibimiento en recepción, la bolsa de aire que había tratado de comerse no le hizo ningún bien a su aspecto.
El ding sonaba alegre a lo Disney, pero las puertas abrían lentamente, como si estuvieran exhaustas.
Haciendo lo que le habían dicho, siguió las señales y encontró el lugar correcto, entrando a un largo y amplio pasillo que estaba marcado por incontables puertas de gran tamaño. Las cosas estaban quietas aquí, aunque nadie en la sala de enfermeras la miro cuando se acerco. Menos mal, no podía correr el riesgo de que alguien le hiciera preguntas, que no les gustara la respuesta, y la echen.
La habitación estaba casi al final del corredor, y ella medio esperaba que hubiera un policía sentado fuera de ésta. No había nada ni nadie. Solo otra puerta con un número color plata pulido en su jamba, y una cara laminada que parecía pino.
Empujando la perilla, se asomó dentro. En la débil luz, pudo ver los pies de la cama, una ventana en la pared lejana, y un televisor montado en el techo. El sonido de las maquinas del hospital y el olor a desinfectante probaban que no era una habitación de hotel, no es que ella necesitara ayuda con eso.
Se aclaro la garganta ―¿Hola?
Como no hubo respuesta, dio un paso dentro y a la izquierda de la puerta ligeramente entreabierta. Caminando pasó el baño, se paró donde tuvo una vista completa del paciente.
Levantando sus manos para cubrir su boca mientras su mandíbula caía. ―Oh… querido Dios.






Encima del garage, en el apretado apartamento-estudio que había estado alquilando, Jim Heron no podía dormir.
Todos a su alrededor se habían apagado como una luz: Perro estaba a los pies de la apretada cama gemela, movía sus patas nerviosamente como si estuviera soñando con conejos, topos o quizá con sombras negras con dientes. Adrian estaba apoyado en la esquina, con su espalda contra el estrecho espacio, su gran cuerpo aún tenso aunque su respiración era pareja. ¿Y Eddie? bueno, el tipo estaba muerto, entonces no es como si fuera a hacer ruido en el piso.
Desesperado por un cigarrillo, Jim salió de la cama por el lado equivocado para evitar molestar a Perro, y agarró su caja de Marlboros. Antes de irse, se acercó a chequear a Adrián.
Sip, sentado profundamente dormido.
Con una daga de cristal en su mano, en caso de que alguien venga tras su chico.
Pobre maldito bastardo. La pérdida de Eddie ha sido una mutilación para el equipo…pero particularmente para la agujereada y destrozada carta salvaje quien ha estado en vigilia desde que eso pasó.
¿Porque cuando un hombre se muestra fuerte ante la pena hace que parezca más triste que cualquier histriónico llanto y lamentos?
Y post data, era malditamente extraño tener compañeros
Cuando Jim era asesino en XOps, trabajaba estrictamente solo. Ahora, tanto había cambiado. Desde su jefe, la descripción de su trabajo hasta la elección de sus armas—y Eddie Blackhawk había sido el que le mostro el camino, enseñándole lo que necesitaba saber, calmándolos a Adrian y a él cuando empezaban a pelearse, la voz de la razón en situaciones en las que no parecía haber lógica independientemente… de que estuvieras parado sobre tu propio cadáver. O peleando con un demonio que tuviera algo por Prada y por los hombres que no gustaban de ella. O cargando en sus hombros el futuro de las almas buenas y las malas, donde habían estado y dónde irían.
La clase de cosas que hacen que un tipo quiera hacer hamburguesas para vivir.
Maldiciendo, se acerco al sofá, agarró un abrigo de cuero, y lo tiro sobre las piernas de Adrian. El otro ángel gruñó y cambió su posición en el piso, pero quedándose bajo el abrigo. Algo bueno, el objetivo era mantener al tipo caliente, no hablar con él.
Jim no tenía ganas de hablar con nadie.
Sin nuevas noticias ahí, por lo menos.
Al salir al rellano superior de la escalera el aire frio se clavó en la piel desnuda de su pecho. Antes de tener compañero y un perro, él siempre dormía desnudo. Ahora se ponía remera. El hecho de que en Caldwell en Abril de noche refrescara ayudaba.
No que él durmiera mucho.
El paquete nuevo de Marlboros todavía tenía el papel celofán, lo golpeo con el canto de su mano mientras cerraba despacio la puerta. Una de las ventajas de convertirse en inmortal y corpóreo es que no tienes que preocuparte por el cáncer, pero la nicotina todavía hace efecto en tu sistema nervioso.
Y tampoco tienes que palpar tus bolsillos en busca de un encendedor.
Rasgando el papel abrió la tapa, saco un cigarrillo, lo puso entre sus labios, levantó su mano. Mientras sus cuatro dedos brillaban, pensó en Eddie otra vez, y su fracaso en matar a Devina, como siempre.
Al menos en total, los chicos buenos van a la cabeza dos a uno en la guerra. Si sólo pudiera tener dos triunfos más, estaría hecho: Arrebataría a la tierra de las fauces de la condena, mantendría a su madre a salvo en el pozo de las almas…y sacaría a su Sissy fuera del infierno.
No es que fuera suya.
Exhalando, no estaba cien por ciento seguro de eso, pero debería haber alguna forma de que funcionara, ¿no? Si los ángeles ganan, y Devina no existe más, él sería capaz de ir abajo, sacar a esa pobre e inocente chica y liberarla de esa prisión. El infierno era su cosa por hacer.
¿No?
Con eso en mente, se pregunto quién sería la próxima alma en juego.
Pensando en su jefe, oyó la voz del hombre inglés en su cabeza, la suavidad, el tono de voz arrogante de Nigel resonando, poniéndolo nervioso: Lo reconocerás como un viejo amigo y un viejo enemigo quien has visto de tarde. El camino no podría ser más obvio si estuviera iluminado.
―Gracias. ―Murmuró, el humo salió de sus labios con su respiración―. Gran ayuda, amigo.
¿Cómo demonios era justo que su enemigo supiera quién era el blanco y él no?
A la mierda.
La última vez. Engañó a Devina para que le diera la información, y ella no iba a caer por algo así otra vez. Puedes decir lo que quieras de esa demonio, pero ella no es una rubia tonta a tantos niveles. Y eso quiere decir que ahí vamos de nuevo, atascados en neutral, mientras que el oponente sin duda lleva la delantera.
El cuál era precisamente el problema que había tenido por la batalla por el alma de su antiguo jefe. Todo este tiempo, él asumió que el que estaba bajo cubierta era alguien más, pero resulto ser Matthias todo el tiempo.
Muy poco, muy tarde, y el HDP tomó la decisión equivocada.
Ganador: Devina.
En esta pelea, el juego estaba establecido para ser injusto, mientras Devina continúe interactuando directamente con el alma. De acuerdo a las reglas, Jim es el único que debería estar haciendo eso, pero en la práctica, ella tiene tanta acción en el campo como él. Naturalmente Nigel, jefe y niño explorador a cargo, está convencido de que va a ser castigada por colorear fuera de las líneas. Y quizás así sea. Pero ¿Quién sabe cuando lo harán?
Mientras tanto, Jim no tiene opción más que mantenerse alerta esperando no joderla de nuevo.
Tiene que ganar. Por su madre…y por Sissy.
Mientras dio otra calada y dejó salir el humo, miró el blanco lechoso que subía enroscándose en el aire frio y ascender hasta desaparecer. Entre un parpadeo y el siguiente, vio a Sissy Barten, esa Joven hermosa, colgada boca abajo en una bañera de porcelana blanca, su sangre roja brillante manchando su luminoso cabello rubio, su piel marcada con símbolos que él nunca había visto antes, pero que Eddie entendió muy bien.
Un sutil rasguño interrumpió el camino de sus pensamientos, se estiro hacia atrás y abrió la puerta de su estudio. Perro cojeó hacia afuera, con su pelo abultado todo despeinado—aunque ese era el POE de la cosa, y no porque se durmiera en una posición incómoda.
―Hola, gran hombre, ―Jim dijo bajito mientras cerraba de nuevo la puerta―. ¿Necesitas ir afuera?
La pobre cosa vieja tenía problemas para bajar la escalera, por lo que Jim usualmente lo bajaba cargado hasta el suelo. Al inclinarse para complacerlo, Perro sólo bajo su cola sobre el suelo, lo cual era su modo de decir que quería que lo alzaran y sostuvieran.
―Entiendo.
El animal, que Jim conocía tan bien era mucho más que un perro callejero, pesaba casi nada en el brazo y era cálido como un mechero.
―Le dije a ella que pensara en ti, ―dijo Jim mientras sostenía su cigarrillo a sotavento del perro, solo en caso de que estuviera equivocado sobre algo más―. Le dije a Sissy que te imaginara masticando mis medias. Quiero que te imagine jugando en el pasto verde y brillante cuando las cosas se pongan…
No pudo terminar el pensamiento en voz alta.
En su vida, hizo cosas feas, cosas horribles, a feas y horribles personas, lo que significa que tuvo mucho tiempo para endurecer sus emociones.
Bueno, en realidad, todo había pasado cuando era adolecente. En ese día cuando todo cambio para siempre.
Ese día en el que su madre fue asesinada.
De cualquier manera. Lo pasado, pasado.
Lo importante es, que la idea de Sissy en el pozo de las almas de los demonios es suficiente para hacer que un soldado equilibrado y endurecido por la batalla como él se vuelva loco.
―Le dije… que piense en ti, cuando sienta que no puede aguantarlo más tiempo.
La cola corta de Perro se meneaba de atrás a adelante como si Jim hubiera hecho lo correcto.
Si, espero que esté usando a Perro para aguantar.
Mierda, sabía que no había nada más.
―Tengo que encontrar a la siguiente alma, ―Jim se calló antes de dar otra calada a su cigarrillo―. Tengo que averiguar quién está a cubierta ahora. Tenemos que ganar esta, Perro.
Con la nariz fría y mojada le dio un hocicazo, él fue cuidadoso de exhalar sobre su hombro.
El hecho de que Nigel mantuviera que él conocía el alma al bate no le decía absolutamente nada. Había conocido un montón de personas durante su vida.
Solo podía rezar para que fuera alguien que pudiera persuadir.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nadesda el Vie Mar 15, 2013 10:10 pm

Gracias x el capitulo
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Vie Mar 15, 2013 10:25 pm

Recuerden si ven algún detalle mal puesto me avisan para corregirlo es que como no he leído los libros anteriores :S





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Vie Mar 15, 2013 11:04 pm

Gracias por el capi...
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por DanielleRoth el Sáb Mar 16, 2013 12:55 am

Gracias!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por shie89 el Sáb Mar 16, 2013 4:37 am

Muchas gracias por el capi!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por mamertxe el Sáb Mar 16, 2013 5:36 am

gracias por el capitulo
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por naynike el Sáb Mar 16, 2013 4:19 pm

Excelente trabajo!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por nely el Sáb Mar 16, 2013 8:50 pm

gracias por la traduccion
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nadesda el Lun Mar 18, 2013 1:14 am

Buena traduccion maka
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maryje el Lun Mar 18, 2013 2:44 pm

Gracias por el Capi!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Mar Mar 19, 2013 8:04 am

Bueno chic@s hay un nuevo diseño en el foro, espero que no les moleste a la hora de leer... y disculpen si no les he subido más capítulos, es que me gusta corregirlos antes y no he tenido tiempo por la universidad... (aunque ya tengo unos cuantos corregidos...)





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Lety7415 el Mar Mar 19, 2013 10:54 am

sta mu ben me gusta, ademas es muxo mejor pa leer Razz
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

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