Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por rosali19 el Vie Oct 25, 2013 2:13 pm

me encanta los capítulos siembre los espero con ansia hacen un gran trabajo 
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maryje el Lun Oct 28, 2013 8:20 am

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por luthien1306 el Lun Oct 28, 2013 3:05 pm

yo tb esperando capis   per:asombro: sin molestar
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Mar Oct 29, 2013 7:50 pm


Capitulo Veintiuno

Traducido por Mayra Alfaro
Corregido por Violet~

Justo antes de las cinco de la mañana, Jim estaba en la habitación de Matthias en el Marriott, mirando fijamente a la televisión silenciada desde una silla en la esquina. Previamente, hace cerca de dos horas, recibió un texto de Ad diciendo que la reportera estaba a salvo en su casa, con su madre, y que el ángel iba a ir a revisar a Eddie y dejar salir a Perro. El siguiente reporte había sido cuarenta y cinco minutos después, Ad iba a tratar de dormir un poco.
Sobre la cama tamaño King, Matthias estaba durmiendo como muerto: de espaldas sobre las cobijas, la cabeza en la almohada, manos unidas sobre su esternón. Lo único que le faltaba era una rosa blanca entre los dedos y música de órgano, y Jim podría haber estado presentando sus respetos.
¿Por qué demonios los había ayudado Devina?
Cristo, la única cosa peor que tenerla contra él, era ella rescatándolo. Y no había necesitado su salvavidas. Maldita sea, el tenía trucos bajo la manga. Había estado a punto de hacer estallar un show de luces.
Quizá ella estaba tratando de hacerle la pelota al Creador.
Que jodidamente irritante era eso…
Las cinco de la mañana, el noticiero ¡Despierta, Caldwell! empezó con una reportera cubriendo la escena de un homicidio en el centro de la ciudad, la mujer estaba parada en frente de un motel, dando la vuelta y señalando con la cabeza a una habitación abierta donde la policía estaba entrando y saliendo. Luego hubo una toma a una caja de tinte para cabello y una fotografía de fichaje de una mujer duramente utilizada con grasoso cabello rojo.
Demasiado pecado en el mundo, pensó Jim.
Y ante ese comentario, necesitaba más munición.
Cuando salió un comercial de embutidos Jimmy Dean, su estómago habría ordenado servicio a la habitación si pudiera haber levantado el teléfono y marcar.
—¿Puedes al menos decirme mi propio nombre?
Jim miró hacia la cama. Los ojos de Matthias estaban abiertos, pero no se había movido, como una serpiente enrollada en el sol.
—Siempre te he conocido sólo como Matthias.
—Fuimos entrenados juntos, ¿no es así? Anoche hicimos exactamente los mismos movimientos al mismo tiempo.
—Sí.
Percibiendo a donde iba a llevarlos esta línea de cuestionamiento, Jim sacó sus cigarros, puso uno entre sus dientes y luego recordó que estaban en un lugar público. ¿Y no sería irónico que los corrieran del hotel por prender un encendedor cuando habían forzado la entrada de la puerta trasera, intercambiado fuego abierto, dejado un cuerpo, y luego salido por la fuerza otra vez?
Fu-fu-fu-fuerte-fu-fu-fu.
Jim volvió a enfocarse en la televisión, que estaba pasando un comercial de desodorantes. Por un instante, envidió a los tipos representando la escena: todo por lo que tenían que preocuparse eran sus axilas, y mientras usaran productos Speed Stick, estarían bien.
Si sólo la solución para Devina viniera en aerosol o en barra.
—Dime cómo me suicidé. —Cuando Jim no respondió, el otro hombre dijo—, ¿por qué tienes tanto miedo de hablar sobre eso? No me tomes como un cobarde.
Jim se restregó la cara. —¿Sabes qué? Deberías dormir menos. Eres un dolor en el culo cuando estás bien descansado.
—Supongo que entonces eres un cobarde.
Al exhalar fuerte, Jim deseó que fuera humo. —Bien, ¿sabes qué es lo que me preocupa? Pues que cuando descubras quién eras, te vas a convertir de nuevo en ese hombre y voy a perderte. Sin ofender, pero esta pizarra en blanco en la que te encuentras es una bendición.
—Lo haces parecer como si yo fuera el diablo…
—Lo eras. —Jim fijó los ojos con los de su antiguo jefe—. Estabas infectado hasta el fondo, a tal punto que me hizo llegar a la conclusión de que habías nacido de ese modo. Pero viéndote así… —lo señaló moviendo su mano—. Es una sorpresa descubrir que no fue así.
—¿Qué demonios me sucedió? —susurró Matthias.
—No sé nada acerca de tu pasado antes de que llegaras a los XOps.
—¿Es cómo se llamaba la organización?
—“Se” llama. No en pasado. Y sí, tú y yo entrenábamos juntos. Antes de eso, no sé una mierda. Hubo rumores sobre ti, pero eran probablemente el resultado de la hipérbole basada en tu reputación.
—Qué era…
—Tú eras un sociópata. —El hombre maldijo quedamente y Jim se encogió de hombros—. Escucha, tampoco era un santo. No antes de que me uniera, y ciertamente no cuando estaba ahí. Pero tú… tú estableciste un nuevo estándar. Eras… algo más.
Hubo un periodo de silencio. Luego, —Todavía no me estás diciendo nada en específico.
Jim se restregó el cabello y pensó, bueno, mierda, había muchos nada de las que escoger. —Vale, que tal esto. Había un hombre, Coronel Alistair Childe, ¿te suena el nombre? —Cuando Matthias sacudió la cabeza, Jim realmente deseó que estuvieran afuera así él podría fumar—. Era un buen tipo, tenía una hija que era abogada. Un hijo que tenía algunos problemas. La esposa había muerto de cáncer. Vivía en Boston, pero tenía muchos negocios en D.C. Se acercó demasiado.
—¿A qué?
—A la agencia, por decir algo. Lo secuestraste y lo llevaste al fumadero de crack de su hijo, donde tus operativos inyectaron al chico con una sobredosis de heroína y filmaron a Alistair gritando mientras su hijo echaba espuma por la boca y moría. Y tú pensabas que le habías hecho un bien al tipo, porque, según tus propias palabras, habías tomado al chico que estaba roto. El trato, por supuesto, era que si Childe no cerraba el pico, irías por la hija también.
Matthias no se movió, apenas respiraba, sólo parpadeó. Pero su voz lo dijo todo. Áspera y llena de grava, apenas pudo decir las palabras—: No recuerdo eso.
—Lo harás. En algún momento. Vas a recordar un montón de mierda como esa, y algunas cosas que yo probablemente no puedo adivinar.
—¿Y cómo es que sabes tanto?
—¿Sobre el caso Childe? Estaba ahí cuanto fuiste tras la hija.
Matthias tenía los ojos cerrados, y su pecho subía y bajaba despacio, como si tuviera un horrible peso encima.
Eso le daba a Jim una especie de esperanza. Quizá la revelación lo sacaría más del pecado.
—Si eso es cierto, puedo ver porqué estás preocupado sobre mi brújula moral.
—Dios es honesto. Y como dije, hay mucho más.
Matthias se aclaró la garganta. —Así que, ¿cómo sucedió esto exactamente?
Mientras él hacia un gesto alrededor de su ojo, Jim se encontró a si mismo halado en su pasado compartido. —Quería salir, pero la XOps no tenía opción de retiro, y tú eras el único que podía concederme una licencia. Discutimos sobre eso, y luego apareciste donde estaba en una misión en el desierto. Me dijiste que me reuniera contigo a solas en la noche lejos como el infierno del campamento, así que supuse que eso era todo, el fin del juego. En cambio, estabas solo. Me miraste a los ojos mientras levantabas el pie y lo bajabas en la arena. La explosión… fue hacia arriba, no afuera. No la habías puesto para mí, y no había sido un error. —Recuerdos de esa choza, de los grumos de arena en sus ojos y del humo de la explosión en su nariz, regresaron fuerte y rápido—. Después, te cargué fuera de ahí, y te llevé a donde podrías recibir ayuda.
—¿Por qué no me dejaste morir?
—Había estado jugando bajo tus reglas. Era tiempo de que el todo poderoso Oz no obtuviera lo que había estado buscando.
—Pero si querías salirte, y me hubieras dejado morir, ¿quién te habría jodido? Asumiendo que estás diciendo la verdad sobre todo esto, habrías sido libre.
Jim se encogió de hombros. —Te tenía acorralado. No querías que ese pequeño secreto sobre el suicidio saliera a la luz, así que tenía lo mejor de los dos mundos. Era libre y tú ibas a pasar el resto de tu vida viéndote como la mierda y adolorido.
Matthias rompió en una brusca carcajada. —Extrañamente, puedo respetar eso. Pero no entiendo por qué diablos estás ayudándome ahora.
—Cambio de trabajo. —Jim se estiró por el control remoto—. Mira, hicimos las noticias.
Cuando le quitó el silencio a la televisión, otro presentador daba un reporte sobre el cuerpo que había sido encontrado, joder, justo donde lo habían dejado en ese corredor de servicio. No había sospechosos. No sabían la identidad de la víctima—y buena suerte con eso. Aún si encontraban algo, los alias preparados por los XOps eran impenetrables. Aún más, el tiempo estaba pasando para el forense: el cuerpo iba a desaparecer en cualquier momento de la morgue, si no lo habían removido ya.
Solo otro caso sin resolver que iba a quedar atascado en un gabinete de archivos en la DPC.
—¿Qué clase de trabajo haces ahora? —preguntó Matthias.
—Contratista independiente.
—Todavía no explica por qué estás ayudando a un hombre al que odias.
Jim miró fijamente al tipo y pensó en todo lo que Matthias representaba en la guerra contra Devina. —Ahora… te necesito.



Mientras Mels se preparaba para ir a trabajar, se rompió una uña vistiéndose, y luego derramó café sobre su blusa en la cocina. Bajo la regla de la-mala-suerte-viene-de-a-tres, tenía la sensación de que estaba en la mira de alguien, pero al menos su madre estaba en una clase temprana de yoga, y eso significaba que podría salir por la puerta sin un montón de cháchara.
Algunas veces, hablar con su madre sobre su trabajo era duro. ¿Acaso la mujer necesitaba escuchar los detalles de esa pobre chica en el motel?
Difícilmente era una buena conversación para el desayuno.
Además, Mels no se sentía parlanchina. Había sido una larga noche, que había pasado escribiendo su artículo sobre el asesinato y mandándolo a la editorial para que pudiera ser lo primero copiado, editado y puesto en línea. Y hoy se iba a enfocar en cobertura adicional así podría presentar un artículo más meticuloso para la edición impresa de mañana.
Con algo de suerte, Monty iba a dejar a sus dedos hacer el camino hacia su teléfono, así esa boca suya podría hacer lo que hacía mejor.
En el camino para recoger a Tony, quedó atorada en la fila del autoservicio del McDonald’s, pero no había manera de que llegara al departamento de su amigo sin el desayuno. Finalmente, con dos panecillos con salchicha en una bolsa y un par de cafés en el tablero, iba de vuelta en los negocios en el Toyota prestado.
Cuando se estacionó en la cuneta frente a su edificio, el tipo se levantó de los escalones del frente y se acercó balanceándose, su corpulencia haciéndolo parecer mucho más alto de lo que en realidad era.
—¿Te he dicho últimamente cuánto te quiero? —preguntó mientras él entraba.
Tony sonrió. —Si eso es el desayuno, entonces sí, lo has hecho.
—Te traje un combinado. —Le pasó la bolsa—. Uno de los cafés es mío.
—Mejor que un par de aretes. —Él desenvolvió un paquete blanco—. Mmm, comestible.
—Realmente te agradezco que me dejes tomar prestado tu bebé.
—Vamos, ¿a dónde tengo que ir? Mientras pueda ir al trabajo y regresar, estoy bien. —Mientras masticaba, frunció el ceño y sacó un recibo del cenicero—. ¿Estuviste ayer en el Marriott?
Mels prendió la señal de cambio, y salió hacia el tráfico, deseando que su amigo no fuera tan malditamente observador. —Ah, sí.
—¿A qué hora?
Mels mantuvo los ojos sobre el camino adelante, reconociendo la voz de reportero con que estaba siendo cuestionada. —Fue anoche. Sólo estaba visitando a un amigo.
—¿Así que viste toda la conmoción?
—¿Conmoción?
—¿No sabes lo que ocurrió?
—Me llamaron para que fuera a esa escena de homicidio en el lado oeste. ¿De qué estás hablando?
—Espera, ¿fuiste asignada a esa prostituta con el color de cabello?
—Así es. ¿Qué fue lo que sucedió en el Marriott?
Mientras Tony se tomaba su maldito tiempo en terminarse la primera Mc-como-se-llame, a Mels se le revolvió el estómago. Hombre, si él trataba de empezar el segundo, ella iba a explotar…
—Hubo un tiroteo en el sótano del hotel. Eric está asignado a ello. Hubo intercambio de balas en el callejón, y alguien irrumpió por una de las entradas traseras de entregas de los restaurantes. Llamaron al nueve-uno-uno y encontraron a un hombre muerto por una herida de cuchillo, sin identificación y desprovisto de armas.
—Pensé que habías dicho que había balas involucradas.
—Oh, cierto, él había recibido disparos. Pero no fue eso lo que lo mató. —Tony hizo un movimiento deslizante cruzando su cuello—. Rajada ancha.
La recorrió un escalofrío.
Porque vas a morir si no te alejas de mi.
Mels se ordenó tranquilizarse. Era un hotel grande en una zona no-buena-por-la-noche de la ciudad. Sucedían asesinatos, particularmente entre traficantes de drogas y su clientela…
Tony rebuscó en la bolsa para sacar el panecillo número dos. —Aparentemente, el tipo habría muerto por los disparos, excepto que tenía puesto un tremendo chaleco antibalas. Eric dijo que los chicos del DPC estaban babeando por la cosa. Nunca habían visto uno tan lindo. —El suave sonido de otra envoltura blanca siendo removida fue seguido por un olorcillo fresco de poco saludable-y-maravilloso.
—Entonces, ¿de qué te enteraste anoche? —le preguntó con la boca llena.
Mels paró en un pare y esperó para ir a la izquierda en la calle Trade, su cabeza tenía un embrollo: Matthias iba a irse a dormir cuando se fue, aunque eso no significaba que no pudiera haber salido después que ella lo hizo…
—¿Hola? ¿Mels?
—Lo siento, ¿qué?
—Cuando estuviste en el motel, ¿de qué te enteraste?
—Ah… cierto, perdón, no mucho. La mujer fue asesinada después de haberse pintado el cabello, su garganta fue rajada.
—Dos en una noche. Es una epidemia.
Bueno, estaba eso, pensó. Nadie podía estar en dos lugares al mismo tiempo, ¿cierto?
Vale, ahora ella estaba siendo irrazonable. —Sí. Raro.
Cinco cuadras después, llegaron al edificio del CCJ, se estacionó en la parte de atrás, dándole las llaves a Tony mientras se dirigían a la entrada posterior.
—Gracias de nuevo —dijo.
—Como te dije, cuando tú quieras. Especialmente si me compras el desayuno. Y debes dejar de poner billetes de dólar en mi gaveta cuando agarras un Twinkie. Sabes que puedes tomar lo que quieras de mis provisiones.
Era verdad. Tony tenía un cargamento de comida chatarra en su escritorio y ella había estado tomando algo de vez en cuando. Pero no era una vaga.
Mels abrió la puerta y la sostuvo para que él pasara. —No voy a robarte.
—Si yo te doy permiso, no es robar. Y además, no agarras, como qué, más de un Ho-Ho o dos al mes.
—Robar es robar.
Alcanzaron las escaleras planas que los dirigían hacia las puertas de vidrio de la sala de redacción, y él sostuvo la puerta esta vez. —Desearía que todos se sintieran así.
—¿Ves? No es tu trabajo alimentarnos a todos.
En el instante en que pasaron por la puerta, los teléfonos que sonaban, las voces altas y los pies correteando, fueron tema de una canción conocida, barriendo por su cuerpo y llevándola hacia su escritorio. Al sentarse, el rugido sordo dejó de lado la ansiedad por Matthias, y se registró en la computadora sin pensarlo conscientemente…
El sobre de manila aterrizó fuerte en su escritorio, sorprendiéndola.
—Te traje algo lindo para que lo vieras —dijo Dick con una sonrisa ladina.
Alcanzó el paquete y deslizó…
Bueno, sí que se alegraba de haberle dado los dos panecillos con salchicha a Tony: eran fotografías del cuerpo de la prostituta, de ocho y media por once pulgadas a color, todas con acercamientos.
Cuando Dick se cernió sobre ella como si estuviera esperando que se acobardara, se rehusó a darle esa satisfacción, aún y cuando el centro de su pecho le dolía por las imágenes… particularmente aquella que mostraba la herida del cuello a detalle, el tajo profundo cortando por la piel y dentro del músculo rosa-y-rojo así como el pálido cartílago de la garganta.
Cuando Mels bajó las fotos, se aseguró de que fuera la que quedara encima, y notó que Dick, con toda su actitud de hombre grande, evitó mirar la imagen.
—Gracias. —Mantuvo sus ojos fijos en los de él—. Esto va ayudar mucho.
Dick se aclaró la garganta como si hubiera llevado el acto de imbécil un poco lejos, aún con sus bajos estándares. —Muéstrame el seguimiento tan pronto como sea posible.
—Así será.
Cuando él se fue andando despacio, sacudió su cabeza. Él debería saber mejor lo que era darle a la hija de su padre un reto como ese.
Y P.S. , el hecho de que lo haga había sido del todo grosero.
Como que le hacía pensar sobre la forma en que Monty usaba la tragedia para sus propios propósitos.
Frunciendo el ceño, revisó de nuevo las fotografías y luego se centró en la que se había tomado en la losa de la morgue. Había una extraña erupción en la parte baja del abdomen, un enrojecimiento de la piel, como si la víctima hubiera sido quemada por el sol…
Cuando sonó su celular, contestó sin ver el número. —Carmichael.
—Hola.
La voz profunda mandó una ráfaga de calor directo a su centro. Matthias.
Por un instante se preguntó como había conseguido su número. Pero luego recordó que ella se lo había dado en su tarjeta de negocios, y lo había dejado escrito.
—Vaya, buenos días —dijo.
—¿Cómo estás?
En su mente, un combate de ping-pong inició entre lo que Tony le había dicho en el carro y cómo se había sentido con ese beso. Adelante y atrás, adelante y atrás…
—¿Estás ahí, Mels?
—Sí. —Cerró los ojos, y luego tuvo que detenerse porque él que estaba golpeado no apreciaba la atención—. Perdón. Estoy bien, ¿cómo estás tú? ¿Volvieron algunos recuerdos más?
—Pues de hecho, sí.
Mels se enderezó en la silla, desplazando su interés, fijando su atención. —¿Cómo qué?
—¿Supongo que a tu Nancy Drew no le importaría investigar algo para mí?
—Absolutamente. Dime qué quieres saber. —Mientras él hablaba, ella tomó notas, escribiendo nombres, murmurando ajas en las pausas—. Está bien. Esto no es problema. ¿Quieres que te devuelva la llamada?
—Sí, eso estaría bien.
Hubo una pausa extraña.
—De acuerdo —dijo incómodamente—. Entonces te llamaré…
—Mels…
Cerrando los ojos, lo sintió contra ella, su cuerpo presionándola, su boca devorándola, saliendo ese dominio que era intrínseco en su personalidad.
—¿Sabes lo que sucedió anoche en tu hotel? —dijo abruptamente.
—Sí. He pasado horas pensando en ti.
Cerró los ojos brevemente, luchando con la seducción. —La policía encontró un cuerpo sin vida. Tenía puesto un chaleco antibalas muy sofisticado.
Otra pausa. Luego una respuesta plana—: Huh. ¿Algún sospechoso?
—Todavía no.
—No lo maté Mels, si eso es lo que estás preguntando.
—No dije que lo hayas hecho.
—Eso es lo que estás pensando.
—¿Qué son esas personas para ti? —interrumpió, haciendo pequeños cuadros alrededor de los nombres que él le había dado para investigar.
—Sólo cosas que han surgido. —Su voz se volvió distante—. Mira, lamento habértelas mencionado. Conseguiré la información en algún otro lado…
—No —dijo con firmeza—. Yo lo haré y te devolveré la llamada.
Después de que colgó, se quedó mirando fijamente en el espacio. Luego se levantó de su silla de escritorio y recorrió un par de cubículos. Inclinándose sobre el borde de otro separador gris, sonrió de forma falsa a su colega que no la conocía lo suficiente para notarlo. —Hola Eric, ¿cómo estás?
Los ojos del tipo se alejaron del monitor de su computadora. —Hola Carmichael. ¿En qué te puedo ayudar?
—Quiero saber sobre ese asesinato en el Marriott.
El reportero sonrió, todo gato-y-canario. —¿Algo en específico?
—El chaleco.
—Ah, el chaleco. —Revolvió entre el papeleo sobre su escritorio—. El chaleco, el chaleco… —Jaló una hoja suelta y la giró hacia ella—. Encontré esto en Internet.
Mels frunció el ceño mientras leía las especificaciones. —¿Cinco mil dólares?
—Eso es lo que cuestan antes de ser personalizados. Y éste lo estaba.
—¿Quién mierda puede permitirse eso?
—Exactamente es lo que me estoy preguntando. —volvió a buscar—. Compañías de Alta Seguridad son una. El Gobierno de los U.S. es otra, pero no para un agente Joe Schmo del FBI, por si quieres saber. Necesitarías ser de muy alto nivel.
—¿Algún VIP en el hotel?
—Yyyyy eso es lo que estaba buscando anoche. Oficialmente, el personal no puede dar nombres, pero escuché por encima al administrador nocturno hablando con uno de los policías. No hay nadie especial bajo su techo.
—¿Qué hay sobre el área del centro?
—Sí, quiero decir, hay algunos grandes negocios alrededor del vecindario, pero estaban todos cerrados ya que sucedió después de las horas normales de trabajo. Y es ilógico que algún dignatario estuviera caminando alrededor de Caldwell y a uno de los de su equipo de seguridad le diera por andar solo y terminara con su garganta en el camino de alguien con cuchillo.
—¿A qué hora sucedió?
—Alrededor de las once en punto.
Después de que ella se había ido a la escena del crimen. —¿Y no hay pistas sobre la identidad?
—Ninguna. Lo que nos lleva al siguiente hola-cómo-estás. —Eric mordió el final de su Bic azul—. No hay huellas digitales.
—¿En la escena?
—En el cuerpo. Él no tiene ninguna huella digital, se las borraron.
A Mels le empezaron a zumbar los oídos. —¿Algún otro identificador?
—Un tatuaje, aparentemente. Estoy tratando de obtener algunas imágenes de éste, así como del cuerpo, pero mis fuentes son lentas. —Sus ojos se estrecharon—. ¿Por qué el interés?
Chaleco antibalas sofisticado. Sin huellas digitales. —¿Qué hay sobre las armas?
—Ninguna. Debió haber sido despojado. —Eric se inclinó hacia adelante en su silla—. Diiiimeeee, ¿no estarás tratando de hablarle bonito a Dick para meter tu nombre en esto, o sí?
—Dios, no. Sólo siento curiosidad. —Se volvió para irse—. Gracias por la información. Te lo agradezco.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Mar Oct 29, 2013 7:52 pm

Disculpen, ya estoy de vacaciones por unos días, así que aprovecharé de subirle los capítulos y corregir un montón!!!





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por aranoi el Mar Oct 29, 2013 8:26 pm

Muchas gracias :)

Vamos a disfrutar que estas de vacaciones Razz
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Mar Oct 29, 2013 8:32 pm

Aprovechenme (?





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por luthien1306 el Miér Oct 30, 2013 1:11 pm

gracias x el capi 
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por macb el Miér Oct 30, 2013 3:18 pm

Gracias por el capitulo, que rico que estés de vacaciones, si que nos vamos a dar gusto.....
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Miér Oct 30, 2013 5:34 pm

 





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Miér Oct 30, 2013 8:58 pm

 

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Miér Oct 30, 2013 9:45 pm

 





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por pumuca el Vie Nov 01, 2013 9:06 am

Gracias!! Esperando el siguiente capitulo:.bn:
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por DanielleRoth el Dom Nov 03, 2013 1:52 am

gracias!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por samsagaz55 el Lun Nov 04, 2013 3:09 pm

Muchas gracias!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Lun Nov 04, 2013 9:01 pm


Capitulo Veintidos

Traducido por Hishiru
Corregido por MariPG

Cuando el teléfono sonó cerca de media hora más tarde, Matthias se le quedó mirando a la cosa. Tenía que ser Mels intentando comunicarse con él.
Maldita sea, esto era un desastre...
Después de que Jim se hubiera marchado a hacer el desayuno, recados o algo así, naturalmente, lo primero que hizo cuando estuvo solo fue llamar a Mels y tratar de averiguar si la historia sobre el padre y el hijo en Boston era verdad. No se dio cuenta que ella había oído hablar sobre lo que pasó en el sótano, pero vamos, ¿fue un pensamiento tan descuidado? estaba en todas las putas noticias. Incluso los no reporteros se mantenían al día con ese tipo de noticias sabían.
El teléfono detuvo su sonido electrónico. Pero ella volvería a marcar.
Dios, su voz cuando habían hablado. Ella había sonado sospechoso, y de muchas maneras esto era lo mejor para ella. Sin embargo, eso lo mató.
Cuando el teléfono empezó a sonar de nuevo, no pudo soportarlo. Agarró su bastón, salió por la puerta de su habitación y se dirigió a ciegas por el ascensor. Mientras él lo llamaba, no tenía idea de a dónde iba. Tal vez al desayuno.
Sí, el desayuno.
Era lo que la gente hacía a las nueve de la mañana en todo el país.
Yyyyyyy, por supuesto, el único restaurante que estaba abierto era el que había llegado a conocer íntimamente la noche anterior—y al pasar junto a la pared de vidrio de color, se decidió a ir fuera de la propiedad del Marriott a—
—¿Matthias?
Él se giró hacia la voz femenina. Era la enfermera del hospital, la única quien le había dado una mano, por así decirlo. Fuera del trabajo, estaba fresca como una rosa, con su cabello oscuro suelto alrededor de los hombros y un vestido pálido colgando por debajo de sus rodillas.
Ella lucía como una novia.
—¿Qué estás haciendo aquí?, —dijo ella mientras se acercaba—. Pensé que estarías en casa recuperándote.
Mientras la gente pasaba a su lado, todos los miraban, los hombres con la especulación caliente en sus ojos, las mujeres con diferentes grados de envidia y disgusto. Por otra parte, ella era estúpidamente bella.
—Estoy bien. —Él trató de no mirarla. Era como mirar al sol, dolían los ojos—. ¿Qué hay de ti?
—Mi madre ha venido a la ciudad. O más bien, se suponía que debía estar aquí. Su vuelo debió llegar hace una media hora, pero se retrasó en Cincinnati debido a las tormentas. He estado debatiendo la posibilidad de esperar o ir a casa, íbamos a tomar el desayuno. ¿Es allí donde te diriges ahora?
—Ah, sí.
—Bueno, entonces, por qué no vamos a comer. Muero de hambre.
Sus ojos negros brillaban de una manera positiva, a tal punto que le hizo pensar en el cielo nocturno. Pero no fue suficiente para hacerlo querer hacer sentadillas en el…
—Está bien, —se oyó decir, mientras un tercero se había hecho cargo de su boca.
Juntos, se acercaron al maître del restaurante.
—Dos, —dijo Matthias mientras el hombre era cogido por sorpresa por la enfermera, y luego se quedó inmóvil como un ciervo ante los faros, al parecer golpeado estúpidamente por toda esa belleza.
—Me gustaría un asiento en la ventana, —dijo ella, sonriendo lentamente al chico—. Tal vez por...
No la ventana desde donde saltó, pensó Matthias.
—... allá.
Bin-mierda-go.
—Oh, sí, lo siento, ahora mismo. —El maître llegó con el programa, apropiándose de un par de libros encuadernados en piel y señalando el camino—. Pero hay algunas mejores vistas de todo el lugar ¿le gustaría ver los jardines?
—No queremos estar bajo el sol tan brillante. —Ella puso su mano en el brazo de Matthias y le dio un pequeño apretón, como si quisiera que supiera que cuidaba de su mala vista.
Hombre, realmente no le gustaba que ella lo tocara.
Mientras caminaban por el lugar, la enfermera creó un revuelo total, los hombres miraban por encima de sus Wall Street Journals, de sus tazas de café y algunas veces desde las cabezas de sus esposas. Ella lo tomó todo con calma, como si fuera sólo el curso normal de las cosas.
Después se sentaron en frente de la ventana que había forzado con Jim, el café se materializó, y reflexionaron sobre los menús. La porquería civilizada que venía con seleccionar y escoger entre los cincuenta platos diferentes del desayuno lo ponía nervioso. Él no quería comer con ella, aunque para ser justos, no quería comer con nadie.
La cosa con Mels era el problema. Sí, la había llamado con esa búsqueda de información, pero la verdad era más grande, sólo había querido escuchar su voz.
La había extrañado toda la noche–
—¿Un centavo por tus pensamientos? —dijo la enfermera en voz baja.
Matthias miró por la ventana hacia el edificio del otro lado de la calle. —Me acabo de dar cuenta—de que no sé tu nombre.
—Oh, lo siento. Pensé que estaba en la pizarra de tu habitación.
—Probablemente lo estaba, pero podría haber estado con luces de neón y no sé si me habría dado cuenta.
Eso era una mentira, por supuesto. De hecho, no había estado una enfermera en la lista, sólo un médico, y no había habido una etiqueta con su nombre en su uniforme.
Lo que parecía un poco extraño, ahora que lo pensaba...
Ella movió una mano elegante y lo puso sobre su esternón, lo que parecía una invitación a revisar su escote. —Puedes llamarme Dee.
Hizo contacto con sus ojos. — ¿Cómo Deidre?
—Como Devina. —Ella miró lejos, como si no quisiera dejarlo entrar—. Mi madre siempre ha sido una mujer de Dios.
—Lo que explica tu vestido.
Dee meneó la cabeza con tristeza y se alisó la falda. —¿Cómo sabes que este atuendo no es mío?
—Bueno, por una cosa, parece que pertenece a una cuarentona. Los jeans y los suéteres son más de tu edad.
— ¿Cuántos años crees que tengo?
—Más o menos veinticinco. —Tal vez por eso no le gustaba que lo tocara. Era tan joven, demasiado joven para alguien como él.
—De hecho, veinticuatro años. Es por eso que mi mamá está en la ciudad, en realidad. —Se tocó el esternón de nuevo—. Chica cumpleañera.
—Feliz cumpleaños.
—Gracias.
—¿También vendrá tu padre?
—Oh... sí. No. —Ahora, se cerró completamente—. No, él no va a venir.
Maldita sea, lo último que necesitaba era meterse en su mierda personal. —¿Por qué no?
Ella jugueteaba con su taza de café sobre el plato, inclinándolo hacia los dos lados. —Eres muy raro.
—¿Por qué?
—No me gusta hablar de mí misma, pero aquí estoy balbuceando.
—No me has dicho mucho, si eso te hace sentir mejor.
—Pero... quiero. —Por un segundo los ojos de ella se sumergieron en los labios de él, como si estuviera preguntándose cosas sobre él, que ella realmente, realmente no necesitaba—. Sí quiero.
Nop. No iría por allí, pensó.
Especialmente no después de Mels.
Dee se inclinó, esos pechos amenazando con salir de ese vestido. —No he podido dejar de pensar en ti.
Genial. Maravilloso. Jodidamente perfecto.
En el silencio tenso, Matthias contempló brevemente la gran ventana al lado de ellos. Él ya había salido por allí una vez.
Si las cosas se ponían incómodas, podría hacerlo de nuevo.



Mels colgó el teléfono de la oficina y se recostó en su silla. A medida que el chirrido sonaba, ella hacía una nueva canción sobre eso, meciéndose hacia adelante y hacia atrás.
Por alguna razón, sus ojos se clavaron en esa taza de café que había sido dejada por el otro reportero.
Cuando su teléfono celular sonó, ella dio un salto y buscó la cosa. Miró rápidamente la pantalla y quiso maldecir, no por quién era, sino por quien no.
Tal vez Matthias estaba en la ducha.
Las personas toman duchas en las mañanas.
Sí, aunque ¿por cuánto, como, hora y media? ella había estado llamando cada cinco minutos.
—¿Hola? —exigió.
—Ey, Carmichael. —Era Monty El Bocón, lo podía decir por el crujido de su chicle—. Soy yo.
Bueno, al menos ella quería saber sobre el tipo. —Buenos días.
—Tengo algo. —Su voz bajó al estilo agente secreto—. Es explosivo.
Mels se sentó, pero no se emocionó demasiado. Con su suerte, ‘explosivo’ era más una hipérbole con una bomba-H—. ¿En serio?
—Alguien ha manipulado el cuerpo.
— ¿Perdón?
—Como te dije, fui el primero en la escena, y tomé algunas fotografías—ya sabes, con carácter oficial. —Hubo una distorsión en la conexión, luego una conversación apagada, como si estuviera hablando con alguien y hubiera cubierto el auricular—. Lo siento. Estoy en la comisaría. Déjame salir de aquí y te llamaré de nuevo.
Colgó antes de que pudiera decir nada, y tuvo imágenes de él esquivando oficiales de camino al estacionamiento como si fuera uno de los receptores de Eli Manning.
Efectivamente, cuando volvió a llamar, estaba sin aliento.
—¿Puedes oírme?
—Sí, te escucho.
—Así que mis fotografías del cuerpo tienen algo que en las oficiales no tienen.
Esa era su señal para decir un ‘Oh mi Dios’ y en este caso, ella no tenía que fingirlo. —¿Cuál es la diferencia?
—Veámonos y te lo mostraré.
—Dónde y cuándo.
Después de colgar, miró su reloj y marcó el número de la habitación de Matthias. No hubo respuesta.
—Eyy, Tony, —dijo, apoyándose en el pasillo entre sus cubículos. —¿Me prestas tu…?
El hombre arrojó las llaves sin perder el ritmo con quien estaba hablando por teléfono. Mientras ella le lanzaba un beso, él se cubrió el corazón e hizo un pequeño desmayo.
Caminando fuera de la sala de prensa, cogió el juguete de Tony y se dirigió al otro lado de la ciudad, siguiendo un camino que pasaba por... bueno, ¿sabes qué?, era el hotel Marriott.
Y ella estaba a una buena media hora antes de su encuentro con El Bocón.
Por una suerte loca, encontró un espacio desocupado en el estacionamiento justo enfrente del vestíbulo de entrada, salvo que le tomó dos intentos conseguir aparcar el coche en su lugar, sus habilidades estacionando en paralelo estaban oxidadas debido al uso de demasiados garajes desde que se había mudado de nuevo a Caldwell.
Además, sentirse como un acosador no le ayudaba al volante.
A medida que entraba en el vestíbulo, sintió como si alguien de seguridad debiera detenerla y regresarla, pero nadie le prestó la menor atención—lo que la dejó preguntarse exactamente cuántas otras personas eran llevadas y regresadas con cosas que consideraban extrañas.
En los ascensores, hizo un paseo hasta el sexto piso junto a un empresario cuyo atuendo arrugado y ojos rojos sugerían que había volado en la noche desde algún lugar lejano.
Tal vez incluso utilizando sus propios brazos.
Con el paso libre, giró a la derecha y se fue por el pasillo alfombrado. Junto a las puertas estaban las bandejas del servicio a la habitación, con manteles de bienvenida falsos con sus grabados manchados, tazas de café sucias y servilletas usadas. En el otro extremo, el carrito de la mucama estaba estacionado en frente de un cuarto abierto, la luz del interior se derramaba por el pasillo destacando nuevos rollos de papel higiénico, toallas dobladas, y una línea de botellas de spray.
La puerta de Matthias todavía tenía el cartel de No Molestar en ella, y tomó que eso significaba que no se había ido del hotel. Puso la oreja en la puerta, y envió una breve oración para que él no escogería este momento para abrir.
No había agua corriendo. Sin murmullos del televisor. Ninguna voz profunda al teléfono.
Llamó a la puerta. Golpeó un poco más fuerte.
—Matthias, —dijo a la puerta—. Soy yo. Abre.
Mientras esperaba una respuesta que no llegaba, miró a la chica del servicio que había salido con una bolsa de plástico llena de basura. Por una fracción de segundo, consideró jugar la cosa de olvidé-mi-llave, pero en Caldwell después del 11 de septiembre, tenía la sensación de que eso no iba a funcionar—y podría terminar consiguiendo ser arrojada sobre su hermoso equipo.
Bueno, este no era un crédito a su carácter: la invasión a la privacidad ni siquiera estaba en su radar; fue el temor a ser descubierta lo que la detuvo.
Disgustada consigo misma, y cabreada con él, Mels se dirigió de nuevo al ascensor, y cuando llegó a la primera planta, intentó alcanzar el coche de Tony, entrar en la maldita cosa, y estar cruelmente temprano en su cita con Monty y sus chicles chirriantes.
En cambio, distraídamente caminó por el vestíbulo, mirando a la tienda de regalos, vagando hacia el spa...
Sí, por supuesto que él estaría comprando batas y poniéndose una mascarilla de pepino sobre su cara. Cierto.
Cuando llegó hasta el restaurante principal que estaba abierto, estuvo a punto de abandonar la persecución del ganso salvaje, pero sólo se tomó un momento para mirar adentro…
En el otro lado de las mesas de comida, sentados junto a una ventana, Matthias estaba comiendo con una mujer morena en un vestido de color limón.
¿Quién era ella?...
¿Era esa la enfermera? ¿Del hospital?
—¿Le gustaría una mesa para uno? —le preguntó el maître.
Ah, sí, eso sería una negativa—a menos que la cosa viniera equipada con una bolsa para el mareo. —No, gracias.
Al otro lado, la morena se echó a reír, echando la cabeza hacia atrás para que su cabello fluyera por todas partes. Era tan perfectamente hermosa, como si fuera una fotografía en movimiento que hubiera sido pincelada en todos los lugares correctos.
Como Matthias estaba sentado frente a ella, era difícil de leer, y en un momento absurdo de posesividad, Mels se alegró de que llevara sus gafas de sol. Como si fuera el equivalente a su meada en el poste de su cerca.
—¿Entonces, te encontrarás con alguien?, —preguntó el maître.
—No, —respondió—. Creo que está ocupado.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por aranoi el Mar Nov 05, 2013 12:40 pm

muchas gracias!!!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Mar Nov 05, 2013 10:18 pm

 

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por domy el Miér Nov 06, 2013 12:27 am

 Muchas Gracias por el capitulo, esta genial!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por macb el Miér Nov 06, 2013 3:25 pm

Como odio a Devina...... Gracias por el capitulo:great:    
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Vie Nov 08, 2013 1:34 am

Mañana les subo otro capítulo ;)





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por aranoi el Vie Nov 08, 2013 12:12 pm

@maka.mayi escribió:Mañana les subo otro capítulo ;)
Genial!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por pumuca el Vie Nov 08, 2013 12:51 pm

Gracias!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por samsagaz55 el Vie Nov 08, 2013 2:41 pm

Muchas gracias por el capítulo :)
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Vie Nov 08, 2013 8:36 pm


Capitulo Veintitres

Traducido por Hishiru
Corregido por Violet~

La risa de Dee era... bueno, de hecho, un poco divina. Hasta tal punto que destrozó parte del cerebro de Matthias, y no podía pensar en que lo que había dicho fuera tan gracioso.
—Entonces, ¿cómo está tú memoria? —preguntó ella.
—Irregular.
—Volverá. Sólo han pasado, ¿qué, un día y medio? —Se inclinó hacia un lado mientras llegaba su plato con huevos, salchichas, tostadas y su croqueta de papas—. Dale tiempo.
Su panecillo parecía anémico en comparación.
—¿Estás seguro de que sólo quieres eso? —Gesticuló con el tenedor—. Necesitas subir de peso. Yo misma, soy una firme creyente de que un buen desayuno es la única manera de empezar el día.
—Es bueno estar cerca de una mujer que no se preocupa de su comida.
—Sip, esa no soy yo. —Hizo un gesto a la camarera para que volviera otra vez—. Él quiere lo que pedí. Gracias.
Al parecer era grosero señalar que si comía mucho iba a explotar, por lo que sólo empujó el panecillo a un lado. Ella probablemente tenía razón. Se sentía fuera de si, lento y vacío, el sándwich que había comido en la cena con Mels había sido quemado hacía mucho tiempo gracias a ese hijo de puta ninja con gatillo alegre.
—No esperes por mí —dijo él.
—No iba a hacerlo.
Matthias sonrió fríamente y pasó algún tiempo mirando alrededor de la habitación. La mayoría de la gente era exactamente lo que te esperas en un hotel como este... a excepción de un hombre en una esquina que parecía seriamente fuera de lugar: llevaba traje que estaba mejor cortado que todos los demás, y parecía anticuado hasta para el ojo menos a la moda.
Demonios, el atuendo podría haber sido usado para una fiesta liberal, o tal vez regresando a los años veinte…
Como si sintiera que estaba siendo observado, el hombre levantó los ojos con aire aristocrático.
Matthias volvió a centrarse en su compañera de mesa. Dee tomaba la comida con cortes precisos de su tenedor, el borde delgado empujado fácilmente a través de la mezcla y el picadillo.
—A veces es una buena cosa no recordar —dijo ella.
Sí, pensó, tenía la sensación de que en su caso era especialmente cierto. Dios, si esa historia que Jim le había contado era…
—Y no quiero ser evasiva sobre lo de mi padre —dijo ella—. Es sólo que... él es algo en lo que no me gusta pensar. —Su tenedor se desvió para colocarse en el plato mientras ella miraba por la ventana—. Haría cualquier cosa para olvidar. Él era... un hombre violento, un malvado hombre violento.
Con un cambio rápido, su mirada volvió hacia él y se quedó allí. —¿Sabes de lo que estoy hablando? Matthias…
Abruptamente, otro de los dolores de cabeza salió de la nada, irrumpiendo a través de sus procesos de pensamiento y reduciendo a cero sus sienes, un par de inyecciones de dolor calentando a cada lado de su cráneo.
Vagamente, vio que la perfecta boca roja de Dee se estaba moviendo, pero las palabras no le estaban llegando, era como si se hubiera salido de su cuerpo, mientras su carne se quedaba donde estaba... y luego el interior del restaurante comenzó a retroceder, como si las paredes hubieran perdido las bisagras y caído hacia afuera, transformando todo al Origen, hasta que de pronto él no estaba más sentado en una pseudo-fantasía del restaurante del Marriott, sino en otro lugar…
Él estaba en el segundo piso de una casa de campo, tablones de madera áspera enmarcando los pisos, paredes y techos. El hueco de la escalera delante de él era empinado, el pasa-manos de pino se había oscurecido con el color del alquitrán por los aceites de innumerables manos  que la habían agarrado.
El aire estaba nauseabundo y sofocante, aunque no hacía calor.
Matthias miró hacia atrás, a una habitación que él reconoció como suya. La cama doble tenía mantas y almohadas que no coincidían... el mueble tenía rasguños en el y tiras que estaban a medio caerse... no había alfombra. Pero en la mesita al lado de donde él dormía, una radio nueva con acabados de madera falsos y un dial de plata, se veía antiguo y fuera de lugar.
Mirando hacia abajo, vio que llevaba un par de pantalones harapientos, y que sus pies descalzos salían de los dobladillos enrollados, las manos eran más grandes, en comparación con sus antebrazos delgados, y sus extremidades eran demasiado grandes para el resto de su cuerpo.
Recordaba esta etapa de su vida, sabía que él era joven. Catorce o quince…
Su cabeza captó un sonido.
Un hombre estaba subiendo las escaleras. El overol estaba sucio; el pelo peinado por el sudor, como si un sombrero o una gorra de béisbol hubiera sido puesto en el durante horas; las botas eran ruidosas.
Un hombre grande. Un hombre Alto.
Un hombre malo.
Su padre.
De repente, todo cambió, su conciencia se separó de su organismo de tal manera que ya no era capaz de controlar el cuerpo en el que se encontraba, el volante había sido tomado por alguien más.
Lo único que podía hacer era mirar fijamente fuera de sus órbitas como su padre doblaba la esquina al pie de las escaleras y se detenía.
La piel sobre ese rostro enjuto se había desgastado hasta el punto del cuero, y le faltaba un diente en un lado mientras sonreía como un asesino en serie.
Su padre iba a morir, pensó Matthias. Justo aquí, justo ahora.
Sin embargo era improbable, dada la diferencia en sus tamaños, que el hombre fuera a caer al suelo y morir en cuestión de segundos…
De repente, Matthias pudo sentir que empezaba a hablar, sus labios formando sonidos que no registraba. Sin embargo, ellas tuvieron un impacto sobre su padre.
Esa expresión cambió, la sonrisa disipándose, esa brecha dental desapareciendo a medida que la fina boca se aplanaba. La ira se redujo en esos ojos azul eléctrico, pero no duró mucho. La sorpresa fue lo siguiente. Como si algo en lo que hubiera estado confiado ahora pareciera menos seguro.
Y mientras tanto, Matthias siguió hablando, lenta y constantemente.
Este era el lugar donde había empezado todo, pensó para sí mismo: ese hombre, ese hombre malvado con el que había vivido solo demasiado tiempo, este hijo de puta enfermo que lo había ‘criado’. Ahora era el momento de rendir cuentas, aunque, su yo más joven no registró nada de lo que él hacía mientras decía las palabras, sabiendo muy bien que estaba finalmente encerrando al monstruo.
La mano de su padre se agarró a la parte frontal de su mono, a la derecha sobre el corazón, triturando el material, cavando con las sucias y agrietadas uñas.
Y Matthias todavía siguió hablando.
En el suelo. Su padre se puso de rodillas, con la palma de la mano libre agarrando la barandilla, con su boca abierta tan amplia que se veían los otros dientes que faltaban, los que estaban en la parte de atrás.
Nunca había esperado ser atrapado. Esta era su asesino.
Bueno... técnicamente, el infarto al miocardio fue lo que lo hizo. Pero lo que lo provocó era el hecho de que su secreto fue revelado.
La muerte se tomaba su propio tiempo dulce.
Mientras su padre se dejaba caer sobre su espalda, su mano ahora cambiando a la axila izquierda como si le doliera como una perra, Matthias se quedó donde estaba y observó al proceso de muerte tomar el control. Al parecer, respirar era difícil, su pecho subía y bajaba sin mucho efecto: debajo del bronceado, el color de su padre estaba retrocediendo.
Cuando la vista cambió de nuevo a la habitación, Matthias se dio cuenta que se había dado la vuelta y estaba caminando, yendo hacia la radio, poniéndolo abajo, encendiéndolo. Aún podía ver a su padre luchar como una mosca en una ventana, contrayendo los miembros de una manera y, arqueando la cabeza hacia atrás como si pensara que tal vez un ángulo diferente ayudaría a aumentar el flujo de oxígeno.
Pero no iba a ayudar. Incluso un joven granjero de quince años sabía que si tu corazón no latía, el cerebro y los órganos vitales se morirían de hambre, sin importar cuántas respiraciones profundas tomaras.
Afuera en la pradera, obtuvo sólo cinco estaciones y tres eran religiosas. Las otras dos tocaban música country y pop, giró el dial, regresando y adelantando entre ambas. De vez en cuando, sólo porque sabía que su padre pronto iba a conocer a su Creador, dejó sonando un sermón.
Matthias no sentía nada más que frustración de no poder conseguir que tocaran rock pesado. Parecía que Van Halen era una mejor combinación con la muerte de su padre que la mierda de Conway jodido Twitty o Phil jodido Collins.
Por otro lado, estaba tranquilo como un estanque, plano como el concreto, estable como una pata de mesa.
Demonios, ni siquiera le importaba que el abuso hubiera terminado. Él sólo quería ver si podía deshacerse del viejo, como si el esfuerzo fuera un proyecto de ciencias: había hecho el plan, puesto las piezas en su lugar, y luego despertó esa mañana y decidió dejar caer la primera ficha de dominó en la escuela.
Gracias a su particularmente maleable, bondadosa y muy religiosa maestra.
De pie en el pasillo, había llorado delante de ella mientras le decía el infierno que había estado viviendo, pero esas muestras de lágrimas habían sido sólo para darle un poco de motivación extra. En verdad, la gran revelación no era más profunda que un cambio de ropa: Como la había manipulado con la verdad, él había estado frío como el hielo por dentro, no teniendo satisfacción de que la primera parte estuviera hecha, ni emoción de que finalmente estuviera pasando.
Todo había ido en picada rápidamente después de eso, y había sido la única cosa por la que no había apostado: había sido enviado inmediatamente con la enfermera de la escuela, luego la policía había venido, el papeleo se había completado y había ido a parar al sistema.
Habían enviado sólo a mujeres a trabajar con él, como si eso lo hiciera más fácil. Especialmente durante la parte del ‘examen físico’, por lo que habían esperado que él se sintiera realmente mal.
¿Y quién era él para no darles lo que querían?
Sin embargo, no había esperado entrar en hogares de cuidados dentro de dos horas.
La cuestión era, que el único objetivo que realmente quería era esta parte de aquí, este final de juego con su padre en el suelo y había tenido que huir, robar un coche para asegurarse de llegar a casa antes de que la policía se llevara a su padre a la cárcel, cuando el hombre volviera de los campos de maíz. Todo era un desperdicio si jodía el acto final.
Pero había funcionado muy bien.
En los últimos momentos de la vida miserable de su padre, Matthias giró el dial de la radio a través de una de las estaciones religiosas, y se detuvo por un momento. El sermón era sobre el infierno.
Parecía apropiado.
Vio como era tomado el último aliento y luego vino el silencio. Tan extraño, un ser humano de repente pasando al otro lado, lo que había sido animado volviéndose indistinguible como un tostador, una alfombra o, mierda, incluso un radio reloj.
Matthias esperó un poco más mientras la palidez en ese rostro se volvía completamente gris. Luego se levantó, desconectó su radio, y se la metió bajo el brazo.
Los ojos de su padre estaban abiertos con la mirada fija en el techo, como Matthias lo había hecho en las noches durante tantos años.
No se preocupó por el tipo, o le escupió, o le dio una patada. Él solo pasó por encima del cuerpo y bajó las escaleras. Su pensamiento final, mientras salía de la casa, fue que había sido un ejercicio mental interesante...
Y quería ver si podía hacerlo de nuevo…
—¿Matthias?
Dejando escapar un grito, saltó en su silla, el restaurante volviendo a él, esos muros estallando de nuevo en su lugar, los sonidos ambientales de la gente comiendo y hablando filtrándose en su cerebro una vez más.
Mientras los otros clientes lo miraban, Dee se inclinó hacia él. —¿Estás bien?
Su hermoso rostro estaba moldeado de líneas perfectas de compasión, con los labios entreabiertos, como si su dolor hiciera difícil el respirar.
La separación que había sentido su yo más joven se deslizó en su lugar sobre el centro de su pecho, como si el recuerdo hubiera recalibrado su cableado interno, endureciéndolo como un coche que hubiera tenido problemas de alineación: mientras consideraba a la mujer que estaba frente a él, sentada desde una distancia vital, una objetividad fría poniendo espacio entre ambos, aunque las sillas no estaban más separadas.
Las emociones pueden ser fácilmente falsificadas, como él mismo lo sabía.
La sonrisa que le dio se sentía diferente en su rostro, pero también muy familiar. —Estoy perfectamente bien.
La camarera se acercó en ese momento con su enorme desayuno y cuando ella lo dejó, él podría haber jurado que Dee se echó hacia atrás y sonrió con satisfacción.



De pie con el maître, Mels estaba siendo una Chica Asaltadora. Ya era bastante malo que ella hubiera llegado al Marriott de caza, pero ¿haber encontrado a Matthias con esa enfermera? Ahora tenía dos razones para sentirse como la mierda: No se respetaba y sólo un tonto no podría comparar a esa otra mujer con cualquier otra que con Sofía Vergara.
Mientras un plato del tamaño de un mostrador era puesto delante de Matthias, él miró a su compañera con una sonrisa maliciosa, y…
Su cabeza giró sin motivo justo cuando ella se volteó.
Sus ojos se encontraron, y al instante, esa expresión cínica suya se transformó en algo que no pudo leer, y se dijo que no le importaba.
Lo que sea. Esto no era asunto suyo.
Y ciertamente no se molestaría con algo teatral. En su lugar, se dirigió con calma hacia las puertas giratorias del vestíbulo…
—¡Mels! —Vino un sonido detrás de ella.
No iba a fingir que él no había salido detrás de ella, y no había razón para ignorarlo.
—No quería interrumpir tu desayuno —dijo mientras él se detenía y se acercaba a ella—. Y estoy de camino a una reunión. Cuando no contestaste el teléfono, pensé en pasar por aquí.
—Mels…
—Esa historia que me preguntaste que verificara era cierta. Excepto que deletrearon el apellido con una E. Child‘e’. El hijo murió de una sobredosis y el padre estaba en el lugar cuando ocurrió. La hija sigue viva, es un abogado defensor en Boston. El padre trabaja para el gobierno en varias competencias. Al menos eso es lo que está en los papeles. No puedo hablar de cosas que no estén en el dominio público. —Como él se limitó a mirarla, ella subió su barbilla—. Bueno, ¿con qué esperabas que volviera?
Se frotó la cara como si le doliera la cabeza. —No lo sé. Yo... ¿Cuándo murió el hijo?
—No hace mucho. Dos años y medio, tal vez…
—Tu desayuno se está enfriando.
Mels miró a la enfermera. La mujer se centraba únicamente en Matthias mientras se acercaba, como si él no estuviera hablando con nadie.
Bueno, la mujer se veía increíble en ese vestido, su cuerpo convirtiendo lo que era esencialmente recatado en algo malditamente caliente…
De repente, un recuerdo de un episodio de Seinfeld con Teri Hatcher llegó a su cabeza... sí, aquellas doble-D eran probablemente reales y también espectaculares. Mientras tanto, ella se basó en la tecnología de Wonderbra para ubicarla dentro del rango de una copa-C.
—Estaba yéndome de todos modos —dijo Mels—. Además voy a llegar tarde a mi reunión.
Esto le consiguió una mirada desdeñosa de la enfermera, de esos ojos color marrón oscuro no sólo de apártate, sino de lárgate. —Vamos, volvamos a la mesa.
Matthias seguía mirando a Mels, hasta el punto en que sintió como si estuviera tratando de decirle algo. Pero tenía los huevos fríos y piernas calientes para preocuparse, por lo que su proverbial plato estaba lo suficientemente bueno sin ella.
Ella les lanzó una despedida y cayó en el tránsito peatonal conducido a través de esas puertas giratorias.
En el otro extremo, el sol era brillante y alegre mientras se dirigía hacia el coche de Tony, el sedán estaba cálido por dentro. Instalándose en el asiento del conductor, se dio un sermón severo antes de arrancar el motor, excepto que no sirvió de nada.
Ni siquiera la parte acerca de cómo un hombre misterioso e inaccesible estaba probablemente, dado su instinto de reportera, pareciendo oh, mucho más atractivo que su estúpido promedio, aunque eso no lo hacía una buena apuesta.
Tal vez ese era el porqué seguía soltera. No había sido por falta de invitaciones a citas. Era más probable el hecho de que los hombres que la invitaran habían tenido un empleo estable, se veía bastante bien... y tenían sus recuerdos.
Sin sombras no hay emoción.
Nah, ella estaba con alguien con un posible pasado turbio y una compañera de desayuno que tenía el cuerpo de una Barbie y el cabello de un comercial de Televisión.
Saludable, realmeeeente saludable.
Poniendo en marcha el coche, se encaminó al tráfico, su cita con Monty El Bocón se fijó en un parque a unas siete cuadras del hotel.
Al menos el cronometraje de todo esto estaba a su favor: Si tuviera que volver a la sala de redacción y pretender que estaba trabajando mientras miraba la pantalla de su ordenador, iba a volverse loca.
Malditos hombres, pensó mientras encontraba otro parquímetro libre, consiguió estacionarse mejor y salió.
Siguiendo las instrucciones que le habían dado, todo el asunto con Monty tenía matices de películas de espía, con ella sentándose bajo un árbol de arce específico. Todo lo que necesitaba para esconderse era un periódico, una palabra secreta y estarían en la tierra del agitado-y-no-revuelto.
Monty apareció diez minutos después, en ropa ordinaria que lo marcaba como del tipo libertino. Estaba de buen humor, el escape claramente le dio esa clase de inyección dramática que necesitaba.
—Camina detrás de mí —dijo en voz baja al pasar.
Oh, por el amor de Dios.
Mels se levantó cuando él se puso a tres metros por delante de ella y mantuvo su ritmo serpenteante, preguntándose por qué diablos se estaba haciendo pasar por esto.
Después de un pequeño paseo, terminaron abajo en la orilla del río, en el gran cobertizo Victoriano donde la gente se lanzaba en sus canoas y veleros cuando el clima era más templado.
Al entrar, sus ojos se tomaron un momento para ajustarse al interior oscuro, las ventanas con cristales en forma de diamante no dejaban pasar gran parte de la luz del sol, los anaqueles de los botes, un montón de boyas, remos y velas enrolladas hacían que el lugar pareciera atestado. También era ruidoso en un sentido, por todas partes, el agua daba una palmada dentro y fuera de los muelles, los ruidos haciendo eco a través de los movimientos vacíos…
Con una explosión repentina, las golondrinas salieron disparadas de sus nidos matutinos, bombardeándolos antes de escapar al aire libre.
A medida que su corazón volvía a un ritmo normal, dijo—: Entonces, ¿qué tienes?
Monty sacó un sobre grande, plano y se lo entregó. —Esta mañana imprimí éstas en casa.
Mels deslizó un dedo bajo el metálico clip de mariposa y liberó su control. —¿Quién más lo sabe?
—Por el momento, sólo tú y yo.
Una por una, fue pasando las tres fotografías a color, las cuales todas eran de la víctima: la primera era de cuerpo completo con la camisa bajada, la segunda era más cerca con la camisa subida, la tercera era mucho más de cerca en lo que parecía ser una serie de runas.
Cecilia Barten.
Ese era el nombre que atravesó la cabeza de Mels mientras examinaba las imágenes: Sissy había sido otra chica, más joven, y muy, muy fuera de la clase de vida en donde ser asesinada era un peligro laboral. Su cuerpo había sido recientemente hallado en una cantera con el mismo tipo de caracteres tallados en su abdomen. También había tenido la garganta cortada. Y  había sido rubia.
—Viste las fotos de la escena del crimen, ¿no? —preguntó Monty.
—Sí —Mels volvió a centrarse en el primer acercamiento—. La piel estaba roja, pero no había nada como esto en ella. Espera, así que dime, extraoficialmente si tienes que hacerlo, ¿cómo obtuviste esto? dijiste que fuiste uno de los primeros en responder…
—El primero en responder. Entré en la habitación con el gerente, y rápidamente seguí el procedimiento. Acordoné la puerta y pedí refuerzos.
—¿Dónde estaba tú pareja?
—Se reportó como enferma, así que estaba solo, recortes de presupuesto, ya sabes cómo es. No hay sustitutos. Como sea, mientras esperaba, tomé las fotos.
Odiaba a la gente que utilizaba las palabras como sea. —Moviste la camisa.
—Estaba examinando el cuerpo y la escena en mi calidad como oficial.
Escalofriante. —¿ De todos modos por qué tomar las fotos, si el fotógrafo oficial iba a venir?
—La verdadera pregunta es: ¿A dónde fueron esas marcas?
Hombre, esto no estaba bien, pensó Mels.
Mirando por encima de él, le preguntó—: Entonces, ¿qué puedo hacer con esto?
—En este momento, nada. No quiero ser acusado de estropear el cuerpo.
Pero lo hiciste, ¿verdad? —¿Por qué darme estas a mí?
—Alguien tiene que saberlo. Tal vez iré con De la Cruz,  o tal vez puedes poner esto en el CCJ y sólo decir que es de una fuente anónima. La cosa es, que el momento de la muerte se registró a eso de las cinco o seis, por lo que el asesinato ocurrió poco después que tomaran la habitación. Llegué allí como a las… nueve y cuarto. Eso deja cuatro horas y media para que alguien entrara y saliera.
Lo que omitió, aunque, quizás deliberadamente, era el hecho de que las runas habían desaparecido entre el momento en que él había llegado a la escena y cuando el fotógrafo del DPC había tomado las fotos. El cuerpo no pudo haber estado solo por mucho tiempo y las cicatrices no solo se levantarían y desaparecerían.
Esto no estaba realmente bien.
—Bien, simplemente déjame saber que te sientes cómodo con mis términos —dijo ella—. Cuando tú decidas.
Él asintió con la cabeza como si hubieran sellado algún tipo de acuerdo, y luego comenzó a alejarse.
—Espera, Monty, una pregunta rápida sobre otra cosa.
Su fuente se detuvo en el umbral. —¿Sí?
—¿Sabes del hombre que encontraron muerto en el Marriott?
—Oh, ¿te refieres al cadáver de la entrada de entrega? ¿El que desapareció de la morgue?
Mels dejó de respirar. —¿Perdón?
—¿No has oído de eso? —Se acercó para compartir la información—. El cuerpo se ha ido. Justo esta mañana.
Imposible. —Alguien lo robó. Lo sacó de la morgue de San Francis.
—Eso parece.
—¿Cómo sucedió eso? —Mientras Monty se encogía de hombros y negaba con la cabeza, ella sabía que lo que había pasado con el cadáver desaparecido no era nada bueno—. Bueno, espero que encuentren la maldita cosa. Oye, ¿no sabes qué tipo de balas estaban en el chaleco que la víctima llevaba puesto?
—Cuarenta.
—¿Oí qué había un tatuaje en el cuerpo?
—No lo sé. Pero puedo averiguarlo.
—Lo apreciaría.
Él le dio un guiño y una sonrisa socarrona. —No hay problema, Carmichael.
Cuando se quedó sola, Mels pasó las fotos de nuevo, una por una... y decidió que Caldwell probablemente tenía en sus manos otro asesino en serie.
No era exactamente el tipo de seguridad laboral que ella o el DPC estaban buscando.
Y tuvo que preguntarse si el asesino no era un uniformado.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Vie Nov 08, 2013 8:37 pm

Recuerden avisarme de cualquier error, a veces tardo demasiado entre cada capítulo y se me olvidan las cosas, soy un desastre... así que sean buenos y notifiquen mis errores  





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por domy el Sáb Nov 09, 2013 12:15 am

  Gracias Maka por darnos otro capitulo.
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Sáb Nov 09, 2013 12:25 am

Tranquila :) pronto otro lo prometo!!





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por aranoi el Sáb Nov 09, 2013 9:11 am

Muchas gracias por el capi, ranguitos!!!

No veo ningún error :)
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Dom Nov 10, 2013 9:00 pm

 

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nanis el Lun Nov 11, 2013 3:17 am

Gracias por los capis!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por IPCV el Miér Nov 13, 2013 3:53 pm

Muchas gracias Francesca22!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
 
@FRANCESCA22 escribió:
@IPCV escribió:Perdón por molestar tanto  
Me podrían dar el orden de los libros así puedo comenzar bien con esta saga cheers  Y si los primeros libros se encuentran traducidos aquí en el foro.

Muchas gracias!!!!!!lol!
El orden es el siguiente:

Libro 1 Covet
Libro 2 crave
Libro 3 envy
Libro 4 Rapture
Libro 5 Possession
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por star23 el Jue Nov 14, 2013 4:17 pm

gracias por los capítulos cheers
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por DanielleRoth el Sáb Nov 16, 2013 2:31 pm

Gracias!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por mariedg el Sáb Nov 16, 2013 7:53 pm

para cuando el libro completo no quiero leerlo por parte
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por samsagaz55 el Dom Nov 17, 2013 2:05 am

Muchas gracias!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por FRANCESCA22 el Lun Nov 18, 2013 4:13 pm

gracias por los capitulos!!!!!!!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por AnaM. el Lun Nov 18, 2013 11:30 pm

Woooow me encanta!!! Gracias :DD
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por macb el Jue Nov 21, 2013 12:41 pm

Gracias, Gracias, Gracias:great:   
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Dom Nov 24, 2013 3:46 pm


Capitulo Veinticuatro

Traducido por Hishiru
Corregido por Violet~

Mientras Devina doblaba la servilleta junto al plato vacío de su desayuno, sonrió a su presa al otro lado de la mesa. Con todo, las cosas iban bien. Matthias estaba empezando a recordar, y esa puertecita que había abierto sobre su padre devolvió justo el tipo de luz que le gustaba ver en sus ojos.
Ese viejo suyo había sido clave, por supuesto, para el comienzo del mal, la prueba positiva de que la infección podía ocurrir incluso de humano a humano, no sólo de demonio a humano.
Pero tenía que tener cuidado al caminar sobre esa línea.
—Pediré la cuenta —dijo Matthias, levantando la mano para llamar a la mesera.
—Eres un caballero —Ella buscó en su bolso y comenzó a tocar sus pinta labios, de izquierda a derecha, contando—. Me alegra que nos encontráramos.
... tres, cuatro, cinco...
—Golpe de suerte —Él miró hacia la ventana, como si estuviera haciendo planes—. Cuáles eran las posibilidades.
...seis, siete, ocho...
—¿Qué vas a hacer hoy? —preguntó ella, su corazón empezando a latir mientras se acercaba al final del conteo.
...nueve, diez, once...
Él respondió con algo que ella no siguió, pero para entonces, estaba casi terminando.
Doce.
Trece.
Mientras ella exhalaba, tomó el último pinta labios y abrió la tapa. Centrándose en Matthias, quiso que él mirara su boca mientras exponía la punta suave y contundente de la pintura y comenzaba a pasarla a través de sus labios.
Él hizo exactamente lo que quería, pero vio una mirada clínica, no sexual, esa reacción no era la que buscaba. Como si se tratara de un instrumento que él estuviera considerando usar brevemente.
Devina frunció el ceño. Cuando él había salido para perseguir a esa reportera de mierda, no había habido nada de esta lejanía. Él había estado desnudo mientras seguía con la ropa puesta, adiestrado por esta mujer como si ella fuera algo dentro de él, en lugar de estar separados.
El demonio escondió sus labios y los liberó, sintiendo su boca soltarse bruscamente, y para asegurarse de que entendiera el mensaje, insertó un pensamiento en su cabeza con una imagen de la boca de ella alrededor de su polla, chupándola, jalándola, tragando.
No funcionó.
Sólo miró a la mesera, tomó el cheque que le dio, y escribió su número de habitación.
El sonido de un viento fuerte sacudió todas las ventanas en el lugar haciendo que la gente mirara a su alrededor, incluyendo a Matthias: sentado frente a ese tipo, Devina hervía, su temperamento quemaba y tocaba los elementos fuera del hotel, levantando una tormenta que venía del sur.
Todo en lo que podía pensar era en que Jim había jugado con ella, y ahora este cojo lame-culos, volvería al infierno tan pronto como esta ronda terminara, estaba enfureciéndose.
Bastardos. Ambos.
Se puso de pie y se colgó el bolso al hombro.
—¿Cuánto tiempo te vas a quedar? —le espetó.
—Un poco más.
Es cierto. Las cosas se estaban moviendo rápido, aunque él no lo sabía, y esta ronda iba a terminar muy pronto.
Tal vez debería llevarlo a su habitación y recordarle que era un hombre, no un robot, y que esas “heridas” no iban a ser un problema, siempre y cuando estuviera con ella.
Buena suerte con tu reportera sobre eso, pensó.
—Voy a salir en este momento —dijo él. Como si la estuviera despidiendo.
Devina entrecerró los ojos, y entonces recordó que tenía un papel que desempeñar. —Bueno, estoy segura de que te veré por ahí.
—Eso parece. Buena suerte con tu madre.
Mientras él se daba la vuelta, en cierto modo ella quería follar con él por razones distintas a la ronda. Tenía el mismo parecido de fuerza que Jim, así cómo esa fragilidad esencial.
Debió haber prestado más atención a este hombre cuando había podido. Afortunadamente, volvería a casa pronto.
Mientras tanto, tenía que ocuparse de esa reportera. Esa no era la clase de influencia que necesitaba en este juego.
Y los accidentes suceden todo el tiempo. El Creador no podría encontrarle ninguna falta por eso.



Matthias tomó un taxi a las oficinas del CCJ y esperó en el estacionamiento detrás del edificio. Pensó que Mels había pedido prestado el Toyota para venir al hotel, y por supuesto, el transporte de su amigo no estaría estacionado junto con los otros trastos con basura en ellos.
Como si tener una papelera como látigo fuera parte de la descripción de un periodista.
Quedándose a un lado en la puerta de atrás, recargó su culo contra el edificio y se apoyó en su bastón. Arriba, las nubes entraron y cubrieron el sol, la tierra se hundió en sombras mientras la luz del sol se desvanecía.
Estaba siendo vigilado.
No por los rezagados que iban y venían por la puerta... o por los fumadores que se relajaban, exhalando humo como chimeneas por un breve tiempo, y volviendo a entrar... o por la gente conduciendo por el aparcamiento lleno buscando un lugar.
Era una observación persistente y constante desde una posición fija sobre la derecha.
Podría ser alguien en uno de los coches aparcados a lo largo del perímetro exterior del periódico. La única otra opción era el techo del edificio de enfrente, ya que sus paredes no tenían ventanas.
Necesitaba conseguir un poco de munición. Sin balas, la cuarenta con silenciador que había tomado “prestada” de Jim no era más que un sistema de entrega de trauma por objeto contundente, que no era precisamente inútil. Pero no tan mortal o de largo alcance…
El Toyota que había estado esperando dio vuelta en la esquina y entró. Cuando el coche se detuvo abruptamente, supo que lo había visto.
Mels se estacionó en el primer lugar disponible, se bajó y caminó con la barbilla en alto, su cabello moviéndose por la brisa.
—¿Bajando tu desayuno con un buen paseo? —preguntó ella.
Una punzada sutil dentro de su pecho se encendió cuando la miró a los ojos, y poco a poco se intensificó, la sensación hizo difícil el respirar.
—Lo siento —dijo ásperamente.
—¿Por qué?
Todo lo que pudo hacer fue sacudir la cabeza, su voz se había ido. La claridad fría y calculadora que había sentido después de que las visiones del pasado hubieran venido a él se había ido. En su lugar, él era un destino indefenso, desnudo de fortificaciones.
—¿Matthias? ¿Estás bien?
De alguna manera sucedió: dio un paso adelante, puso sus manos en su cintura... y sosteniéndola cerca, puso su cara en ese cabello que había dejado suelto.
—¿Qué pasó? —dijo ella suavemente mientras empezaba a frotar su espalda.
—Yo no... —Ah, mierda, estaba fuera de su maldita mente—. No puedo...
—Está bien, está bien...
Se quedaron juntos mientras un trueno retumbaba en el cielo como si lo desaprobara, y el relámpago cruzaba bajo la cubierta de nubes.
Maldita sea, él quería quedarse donde estaban para siempre: Cuando estaba en contra de este extraño y familiar cuerpo caliente, no había pasado ni futuro, sólo el presente, y la falta de paisaje u horizonte era una especie de refugio…
La lluvia empezó a caer en forma de gotas grandes, hasta el punto en que ellos fueron atacados con algo parecido a las canicas.
—Entra —dijo ella, tomándolo de la mano y usando una tarjeta de pase para entrar en el edificio.
Un extraño perfume químico en el aire le cosquilleaba la nariz. Pero no era cera para pisos o limpiador de vidrios, era la tinta de las prensas.
—Aquí —dijo ella, acercándose a una puerta marrón, girando una manivela, y empujando la puerta con la cadera.
Más allá de la sala de conferencias se encontraban unas sillas desiguales y una mesa larga con un revoltijo improvisado de componentes, el Frankenstein del mobiliario de oficina. Había un refrigerador de agua mineral en un rincón, y ella se acercó para conseguirle un vaso de papel lleno de agua.
—Bebe esto.
Hizo lo que le dijo, y mientras tragaba, trató de reacomodar todo.
Mels dejó caer su culo sobre la mesa, con las piernas balanceándolas lentamente.
—Cuéntame.
Ah, mierda, ¿cómo iba a decirle lo que recordaba? Por el amor de Dios, ¿por qué había venido hasta aquí...?
Bueno, al menos sabía la respuesta a esa pregunta. Quería ser honesto con una persona. Finalmente. Sólo tenía que hacer la conexión con ella, como si estuviera en caída libre y ella fuera una cuerda, las palabras que necesitaba decir eran el agarre que tendría su línea de vida.
—Asesiné a mi padre.
Sus pies se congelaron en medio del movimiento, tensando los hombros.
—Fue después de años en que él... —Dilo. Dilo. Maldita sea dilo—. Él era un hombre violento y borracho. Hubo... cosas que sucedieron que no debieron pasar y yo...
La luz en los ojos de ella cambió de nuevo gradualmente, la compasión viniendo al frente una vez más.
Pero cuando parecía que ella se pondría sobre sus pies y trataría de abrazarlo, puso ambas manos en alto. —No, no puedo… no podré atravesar esto si me tocas.
—Está bien —dijo lentamente.
—Ni siquiera sé por qué te estoy diciendo esto.
—No tiene por qué haber una razón.
—Se siente como que sí debería.
—Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad? puedo ser una reportera, pero lo que quise decir lo que dije, que ese es mi trabajo, no es lo que soy.
—Sí —Se frotó el cabello y luego se quitó las gafas—. Lo siento, pero tengo que verte con claridad.
Ella frunció el ceño. —No hay necesidad de disculparse.
Él giró las Ray-Ban en su mano. —Pensé que preferías que las trajera puestas. Ya sabes, como en el restaurante, así no tienes que ver mi cara.
—No fue por eso que dije que te las quedaras. No eres feo para mí, Matthias, por ningún lugar. Y no tienes que ocultarte.
De cualquier forma, sabía que eso no iba a durar. Tenía la sensación de que cuanto más se le acercaba, peor era la imagen de lo que era, como en una pintura-por-números en el que pensó estaban haciendo un retrato, pero resultó que el tema era Michael Myers.
—Me golpeaba —se escuchó decir Matthias—. Fui con mi maestra, luego con la enfermera de la escuela, y les dije todo, expliqué las ausencias, las contusiones y las... otras cosas. Tenía quince años. Yo había guardado todo eso hasta ese punto…
—Oh, Dios, Matthias…
—…pero luego dejé que el gato saliera de la bolsa, y el sistema se hizo cargo. Tuvo un ataque al corazón frente a mí cuando le dije que el secreto estaba por todas partes.
—¿Y es por eso que crees que lo mataste? Matthias, no hiciste nada malo.
—Sí, lo hice. Lo vi morir. No llamé al 911, no corrí en busca de ayuda, estaba allí y vi como caía al suelo delante de mí.
—Fuiste una víctima de abuso y estabas en estado de conmoción. No es tu culpa…
—Lo hice a propósito.
Ahora, ella frunció el ceño de nuevo. —No entiendo.
—No me importó lo que me hizo. Esa mierda era más una molestia que otra cosa. —Él se encogió de hombros—. Todo eso sobre seguir adelante era sólo un ejercicio mental para mí. Mira, yo lo conocía. —Él se tocó la sien—. Sabía la forma en que pensaba, las cosas que le hacían latir. Le gustaba ser mezquino y tener poder sobre mí. Era un tipo no tan brillante que trabajaba con animales y tallos de maíz durante todo el día, no fue hasta que tuvo que enfrentarse con adultos que se encontraban a su nivel que su complejo de inferioridad salió. Él solía amenazar con matarme si le decía a alguien, y eso era su decir. El secreto era tan importante para él, y no sólo porque es ilegal follar con tu hijo. Sabía que él lo conseguiría, y más que detener el abuso... Sólo quería ver qué iba a suceder.
—Espera, déjame preguntarte algo. ¿Cuánto tiempo habías estado con él?
—Mi madre murió en el parto.
—Entonces, toda tu vida.
—Estuve en otro lugar por un tiempo, pero luego volví con él.
—Cuando eras pequeño.
—Sí.
—¿Y no se te ocurrió que eras sólo un chico joven salvándote?
—Ese fue el resultado final, pero no mi motivación. Y eso es lo que me tiene tan mal.
Mels negó con la cabeza. —Creo que tienes que ser un poco más indulgente contigo.
Ah, diablos, ella no iba a dejarlo ir. Podía verlo en sus ojos, había tomado una decisión acerca de él y nada le iba hacer cambiar de opinión.
—Matthias no es mi verdadero nombre.
—¿Cuál es?
Había vuelto a él. Durante el desayuno.
La miró fijamente durante mucho tiempo, demorándose en su rostro, en su cuello y en su cuerpo delgado... y luego regresó a sus ojos inteligentes.
No iba a dar esa información. No podía.
En el silencio que siguió, sintió la imperiosa necesidad de estar a solas con ella otra vez, y no en público. En su habitación. En esa cama de hotel con las sábanas que olían a limón. Quería un poco de ella antes de irse, como si se tratara de algún tipo de medicamento que podría mantenerlo con vida sólo un poco más.
Debido a que iba a morir pronto, comprendió.
No era paranoia. Era... tan inevitable, como si su pasado estuviera escrito en piedra.
—Me estoy quedando sin tiempo —dijo en voz baja—. Y quiero estar contigo antes de irme.
—¿A dónde vas?
—Lejos —respondió después un momento.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Dom Nov 24, 2013 3:48 pm

Disculpen la tardanza, la universidad comenzó de nuevo :( y ahora comenzó a ponerse pesada, ya que estoy a un semestre de comenzar a trabajar con pacientes... estoy muy nerviosa por lo que debo estudiar muchísimo más :$





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por domy el Dom Nov 24, 2013 5:43 pm

Gracias!!!!!!  Maka por darnos otro capítulo. Espero que te vaya muy bien en la Universidad. mucha suerte!!  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por aranoi el Dom Nov 24, 2013 5:54 pm

@maka.mayi escribió:Disculpen la tardanza, la universidad comenzó de nuevo :( y ahora comenzó a ponerse pesada, ya que estoy a un semestre de comenzar a trabajar con pacientes... estoy muy nerviosa por lo que debo estudiar muchísimo más :$
No te preocupes.

Suerte con la uni y con los pacientes seguro k lo haces genial!!!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por luthien1306 el Dom Nov 24, 2013 7:32 pm

gracias x capis 
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Lun Nov 25, 2013 12:32 am

@aranoi escribió:
@maka.mayi escribió:Disculpen la tardanza, la universidad comenzó de nuevo :( y ahora comenzó a ponerse pesada, ya que estoy a un semestre de comenzar a trabajar con pacientes... estoy muy nerviosa por lo que debo estudiar muchísimo más :$
No te preocupes.

Suerte con la uni y con los pacientes seguro k lo haces genial!!!!!
Si espero no tumbarle los dientes a nadie xD





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por modesty el Lun Nov 25, 2013 1:49 am

Gracias por el nuevo capítulo.
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Lun Nov 25, 2013 7:01 pm

 

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por star23 el Lun Nov 25, 2013 9:07 pm

gracias por el capi maka cheers
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por macb el Mar Nov 26, 2013 11:40 am

Muchas gracias Maka, por el capi, se esta poniendo bueno.... y que rico que estés con pacientes, animo con la U.
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nanis el Jue Nov 28, 2013 1:55 am

Gracias!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

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