Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por doritosfritos el Vie Ene 31, 2014 12:56 pm

Gracias!!! Tenia tiempo deseando leerlos! y justo ayer los encontré y los leí hasta el ultimo traducido. Hacen un trabajo genial acá...!
Gracias!!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maryje el Sáb Feb 01, 2014 11:15 pm

gracias por el trabajo

esperando el pdf para leerlo completo, le faltara mucho???
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Miér Feb 05, 2014 3:43 am

@maryje escribió:gracias por el trabajo

esperando el pdf para leerlo completo, le faltara mucho???

Por los momentos creo que si le falta alguito, porque estoy en la uni, y me están explotando :D

disculpen      





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Miér Feb 05, 2014 3:47 am


Capitulo Veintinueve

Traducido por Mayra Alfaro
Corregido por Violet~

Cuando las cosas se pusieron tipo Barry White y mierda en el cuarto de hotel, Adrian se fue de ahí quedamente, pasando por la puerta cerrada y saliendo al recibidor.
Jim lo había dejado de niñera y se había ido en cuanto la reportera estuvo en el Marriott, y eso estaba bien y genial, pero no le iba el porno en vivo a menos que estuviera personalmente involucrado, muchísimas gracias. Sin embargo, estaba completamente dispuesto en darle a ese par un tiempo completo libre-de-Devina. Cerrando los ojos, colocó su palma sobre la madera de la salida que había usado y puso un sello en la habitación, no sólo en la entrada, sino por todo alrededor en el interior y en el baño.
Luego se instaló contra el tapiz tono-sobre-tono y metió las manos en sus bolsillos.
Ahora sabía por qué Jim fumaba. Ayudaba a pasar el tiempo cuando venían los tiempos muertos.
Hombre, ese pobre bastardo de Matthias, pensó. Por otra parte, había cosas peores que tener una polla floja. Más, si eso era lo que te sucedía cuando te parabas sobre un campo de minas o bombas o lo que diablos fuera que hubiera sido: si vuelas por los aires tu mierda, no puedes esperar ser capaz de follarte a tu hembra…
En el otro extremo del recibidor, se abrieron las puertas del elevador y salió una mujer junto a su hija que tenía probablemente cinco o seis años. La primera se veía como si hubiera pasado por una guerra, o al menos una alineación de gorilas: su cabello era un desastre, sus hombros inclinados estaban colgados con bolsos, y una maleta solitaria iba coleando detrás de ella sobre unas ruedas como perro enfurruñado. Por otro lado, la niña iba como un petardo, rebotando arriba y abajo, corriendo adelante y atrás, y su voz era suficientemente aguda para hacer añicos un cristal.
O, como una alternativa, hacerte querer romper uno con tu propia cabeza.
Adrian se sentó mientras el desfile pasaba delante de él, manteniéndose invisible. Pero eso no duró, la pequeña niña captó su presencia, se fue deteniendo hasta pararse y miró fijamente hacia donde él estaba sentado.
—Vamos Liza —dijo la mamá—. Estamos por este camino.
—Mami, hay un ángel aquí…
—No, no lo hay.
—Pero mami, ¡sí que hay! ¡Hay un ángel justo aquí!
—No hay alguien ahí. ¿Vas a venir?
Cuando la niña sólo lo miró con sus grandes ojos color avellana, del tamaño de las llantas de un auto, la exhausta mamá vino y la arrastró lejos.
Pero la queridísima mamá había dado en el clavo, pensó.
No se sentía como un ángel. Nunca lo había hecho, realmente, y la muerte de Eddie se había llevado cualquier pequeña sensación de responsabilidad de vivir a la altura del nombre. Ese muerto HDP había sido el estándar contra el cual se medía. Aquél que fue bueno y verdadero. La brújula…
Incapaz de quedarse quieto, Ad se empujó fuera de su apoyo y se dirigió al elevador. Empujando un dedo en el botón de bajada, las puertas se abrieron inmediatamente, el vagón que el par madre/hija había usado seguía en el lugar. En el camino hacia abajo, se hizo visible, se arregló el cabello en los paneles color bronce con terminado de espejo, y se alisó su chaqueta de cuero.
El trabajo de preparación no hizo algo para mejorar su imagen. Por otro lado, el problema era su expresión. Se veía como si estuviera listo para arrancarle la cabeza a alguien.
¡Ding!
Cuando se abrieron las puertas, dio un paso afuera y dando grandes zancadas se dirigió al bar. Desafortunadamente, el lugar no era lo suficientemente sórdido para atraer la clase de mujer que estaba buscando: no había góticas medio vestidas en la mezcla, con grandes sonrisas automedicadas y rodillas que gustaran de caer abiertas, pero eso no significaba que no podría encontrar una voluntaria.
Tomando asiento en una esquina oscurecida, dejó que su necesidad de sexo flotara fuera de su cuerpo.
Y vete tú a saber, cada mujer que entraba, pasaba o incluso se registraba en una habitación en el lado opuesto de la recepción, miraba en su dirección.
La mesera que los había atendido a Jim y a él la noche anterior vino enseguida. —Hola.
Su sonrisa era media ladeada y realmente nada profesional. Especialmente cuando sus ojos se desviaron hacia todo lo que tenía para mostrar.
Lo que por casualidad incluía una erección sin remordimientos.
—¿Qué puedo ofrecerte? —dijo arrastrando las palabras.
Ella era atractiva de una forma que estaba relacionada principalmente con su juventud. Su piel era radiante, su cabello sano y abundante y su cuerpo era atractivo. Un vistazo más de cerca a sus facciones sugería que si le añadías veinte años y nueve kilogramos no sobresaldría en su madurez, de cualquier modo él estaba a favor del aquí y ahora.
—¿Te dan algún periodo de descanso en este lugar? —dijo en voz baja.
—Sí. —Su sonrisa se hizo aún mayor—. Lo hacen.
—¿Cuándo?
—En diez minutos.
—¿Dónde puedo tenerte?
Sus labios se abrieron como si necesitara más oxígeno. —¿Dónde me quieres?
—Aquí. Ahora. —Miró alrededor del bar—. Pero eso le daría a la gente un tremendo espectáculo.
Cuando sus ojos oscilaron de vuelta, la miro de arriba abajo, y se imaginó jodiéndola de frente, con las piernas abiertas alrededor de sus caderas, su polla entrando y saliendo mientras veía el sexo…
Está bien, la teoría realmente no lo excitaba mucho, pero esa era la diferencia entre el porno y la verdadera penetración. ¿Lo real? Eso era lo que estaba buscando.
La conversación con su mesonera sobre el plan fue en murmullos y rápida, pero no fue una transacción de negocios. Ella no era una puta siendo comprada; era una mujer de sangre caliente que quería una buena cogida justo como él.
Con las cosas arregladas, Adrian dejó el bar, con el cuerpo humeando y el corazón frío como un congelador. Como habían acordado, giró a la izquierda al final del pasillo y tomó hacia abajo el ornamentado hueco de escaleras en dirección al spa. En el descenso, el sonido de sus pesadas botas hacía eco arriba en el techo de mármol, y el aroma de sal de mar, minerales y aceites perfumados lo hizo querer respirar por la boca y no por la nariz.
Estornudó cuando llegó hasta abajo, pero al menos no tuvo que haber pasado por las puertas de vidrio del spa. Si la mierda olía así de fuerte por fuera, el interior probablemente derretiría sus senos nasales.
Girando de nuevo a la izquierda, bajó a un recibidor encalado que estaba enmarcado con fotografías en blanco y negro de chicas medio desnudas en poses geométricas. La puerta al final estaba marcada con una discreta señal de Sólo Personal, y esperó ahí sin alguna paciencia en lo absoluto, respirando ese pesado aire que obstruía sus pulmones.
Mierda. No podía respirar…
Su mesera abrió la puerta y tomó su mano. —Por aquí.
Era un mundo diferente del otro lado. No había fotografías, ni paredes lisas, sólo viejos ladrillos expuestos y pisos desgastados con surcos en el centro. Pero no era como si hubiera venido aquí a disfrutar del escenario, al menos, no el del hotel.
Mirando sobre su hombro, la hembra le sonrió de forma frenética, como si esto fuera lo más divertido que hubiera hecho durante su turno como desde, siempre. —Si alguien nos ve, eres mi primo de fuera de la ciudad, ¿está bien?
—Seguro, lo que sea. —Siempre y cuando no los encontraran en el acto. Besarse no iba a ser ni la mitad del asunto.
La siguió a un cuarto de personal que estaba desordenado, había todo tipo de bolsas y ropa esparcidos por todo el mobiliario desentonado, la combustión de múltiples perfumes creando un olor a rancio que hacía parecer el lugar más caliente. En el otro lado, había también otra puerta, y estaba abierta hacia un vestíbulo aún más deslucido que era claramente el colon de la estructura original del hotel.
Y actualmente usado, al menos parcialmente, como área de almacenaje: había sillas de banquete alineadas contra la áspera pared en pilas de metro ochenta a dos metros de alto, el latón de todas esas patas y los asientos de terciopelo color rojo sangre, estaban provistos de algún tipo de cubierta.
—Tenemos quince minutos —dijo ella, poniendo sus brazos alrededor de su cuello.
Adrian tomó la boca de la mujer como iba a tomar el resto de ella, duro y profundo, su lengua extendiéndose hasta encontrar la de ella. En respuesta, ella arañó su espalda, sus uñas excavando por la piel de su chaqueta, mientras levantaba una de las piernas del suelo y la curvaba alrededor de su muslo. De forma tosca, le levantó la falda. Llevaba puestas unas medias que le habían dado una apariencia suficientemente profesional en el bar; en realidad, las tenía sujetas a un liguero, y llevaba ostentando una tanga.
Las nalgas a las que se agarró estaban firmes y levantadas, le dio la vuelta frente a él, su cabello balanceándose en un círculo mientras ella quedaba de cara a la linda pared de ladrillo. Poniéndose de rodillas, mordió un lado de su trasero, hundiendo los dientes en su carne mientras llevaba esa tanga hacia el sur.
La urgencia sexual por la que se dejaba llevar no tenía nada que ver con la chica. Ella era sólo un ser viviente, como una trotadora que respiraba, algo con qué reducir su ansiedad, un recipiente en el que vaciar el exceso de rabia, frustración y profunda pena.
Y dada la facilidad con la que se había encontrado con él aquí, y con la que lo había besado, y lo que le estaba permitiendo hacerle… tenía la impresión de que no era la primera vez que ella se permitía ser usada de esta forma.
Quizá lo estaba usando a él por la misma razón.
Con la tanga alrededor de los tobillos y la falda sobre su propia cabeza, fue hacia ella desde atrás, tomándola con la boca, penetrándola con su lengua. Sabía bien, su sexo electrolizado era súper suave y muy mojado contra sus labios, todo fragrante y limpio, como si ella tuviera estándares para si misma.
Después que ella se vino un par de veces, no tenía idea de cuantas, porque lo cierto era, que realmente no le importaba, se levantó e inició un intercambio de posiciones de manera que el tuviera la espalda contra la pared. Cuando la mujer hizo como si fuera a hacerle una mamada, doblando las rodillas mientras sus uñas pintadas le bajaban el cierre, detuvo la brillante idea levantándola por los muslos y abriéndole las piernas alrededor de sus caderas.
No quería su boca sobre él.
Era muy íntimo, tan raro como eso sonara.
Justo cuando iba a empujar dentro de ella, se congeló.
Jim Heron estaba parado frente a ellos, con los brazos cruzados sobre su pecho, los ojos estrechados y cabreado.
Justo en el momento oportuno. Jodidamente fabuloso.
Pero no iba a detenerse ahora. Sus bolas estaban duras como puños y la punta de su polla estaba a punto de explotar.
Hizo caso omiso del tipo mientras entraba en la mujer. Si Jim quería mirar, estaba bien. Demonios, si quería unírseles, estaba bien también.
Aunque lo último parecía improbable, dada su expresión de voy-a-patearte-el-culo.
Lo que sea.
Cerrando los ojos, Ad se entregó a la compresión resbaladiza en la que había encontrado consuelo muchísimas veces durante el pasado.
Dios, extrañaba tanto a Eddie que dolía.



Seis pisos arriba, en su cuarto, Matthias estaba desatado. Trastornado. Desenfrenado.
Mientras besaba a Mels, fue por los botones de su blusa de seda y los liberó uno por uno, la fina tela abriéndose para revelar piel aún más suave… y un par de pechos cubiertos de algodón que lo dejaron malditamente sin sentido. Dios, todo era demasiado, los sonidos de sus labios juntos, sus jadeos, sus ropas moviéndose alrededor, la vista de ella. Y luego estaba la forma en que ella se movía contra él, su cuerpo ondulándose de manera que le pegaba esos pechos contra el suyo y luego sus caderas contra la suya.
Quería su boca sobre toda ella, y eso iba a suceder ahora, empezando con su garganta. Dando mordisquitos en su camino hacia la tersa columna de su clavícula, llevó su mano justo frente a un pecho, pasando su pulgar contra la copa de su sostén.
Su intención era provocarla un poco, no duró.
—Oh, Dios, sí… —dijo ella cuando lo sintió acercarse.
Ante el sonido de sus gemidos, tuvo que hacer una pausa para tratar de serenarse, su cabeza zambulléndose en su cabello mientras luchaba por el control: la necesidad de consumirla era intensa, estaba un poco sacudido por ello, porque no se conocía a si mismo lo suficiente para confiar en que no iba a lastimarla.
Sin embargo, no había vuelta atrás.
Ese sostén se fue un instante después: haciendo saltar el broche frontal, miró fijamente sus rosados pezones y sus curvas pálidas.
Gruñó en ese momento. Al menos, asumió que ese ruido vino de él.
Era eso o un puma que de algún modo se había deslizado dentro de la habitación.
Matthias bajó la cabeza y succionó una punta dentro de su boca, su lengua moviéndose alrededor, girándola, lamiéndola. No dejó el otro lado sin atención, no podría, sus dedos apretaron, luego pellizcaron su pequeño y duro pezón, diciéndole que aguantara; estaría ahí en un segundo…
Un repentino pinchazo en su nuca le dijo que ella lo estaba arañando, y abruptamente, sus muslos se abrieron como si su sexo estuviera dictando sus movimientos, no su mente, y ese centro vital que la definía como mujer quería lo que él podía darle.
O mejor dicho… quería lo que él podría haberle dado, si hubiera podido.
Mierda.
Incluso con sus golpes contra su pelvis, y a pesar del calor intenso que estaba en su sangre, su cuerpo no podía responder como un macho debería. No había una dura excitación que hundir en ella, ninguna erección a la que ella pudiera agarrarse, ninguna gruesa polla en la que pudiera envolver sus labios alrededor en pago por lo que le iba a ser hecho dentro de un minuto o dos.
Cuando una aplastante tristeza cayó sobre él, amenazando con arruinar la sesión, un sólo gemido de ella fue suficiente para ponerlo de nuevo en sintonía: nada de eso importaba. Todo lo que quería era hacerla sentir bien, así que cuando hubiera presión para empujar, o más bien, cuando ella fuera a querer que algo fuera presionado o empujado, iba a tener que ponerse creativo.
Levantando la cabeza, contempló su cara sonrojada y sus ojos desenfrenados. Ese cabello suyo estaba suelto alrededor de la almohada, todo ondulado y extendido, y sus mejillas eran del color de la navidad.
Hombre, era increíble.
Manteniendo sus ojos unidos, se levantó sobre ella de modo que quedó arrodillado entre sus piernas abiertas. Y en esa pausa, antes de que las cosas se pusieran realmente serias, se imaginó a si mismo como había sido, fuerte, poderoso, con su cuerpo tan dominante como lo era su voluntad.
Tanto como estaba firme ahora, agradecía haberse dejado puesta la camiseta. Y se sentía… realmente afortunado.
Ella lo tenía todo para ofrecer; él no tenía nada. Y de cualquier modo ella todavía lo quería.
Fue en ese momento en que se enamoró de ella.
El cambio en su corazón y en su alma no tenía sentido, y todavía la lógica emocional era muy persuasiva, el centro de su pecho resonaba con una calidez que nunca había estado ahí antes: sabía sin detalles que había pasado toda su vida dedicado a una complicada crueldad, y aquí estaba todavía, desnudo ante ella, aunque estaba vestido, aceptado por lo que era en su interior, no por como se veía o por lo que no podía hacer.
La revelación lo cambió internamente, poniéndolo en una marcha más lenta que la prisa loca con la que se le había ido encima.
Ahora se movió deliberadamente, sus manos yendo al botón y al cierre de sus pantalones flojos, y desabrochándolos a paso lento. Abriendo por completo la bragueta, la arrugó hacia abajo y presionó un beso en la parte baja del abdomen, a medio camino entre su ombligo y el borde de su cómodo, erótico, bikini volador-de-mentes.
¿Quién necesitaba encaje recargado y la mierda de satín? El simple algodón era suficiente para él, mientras que fuera ella quien lo llevara puesto.
Hombre, quería chuparla a través de la maldita cosa.
—Voy a desnudarte —dijo con una voz retorcida con sexo.
Con otro de esos gruñidos suyos de ¡santa mierda!, Mels giró la cabeza hacia un lado y lo observó quitarle lo que había cubierto la parte inferior de su cuerpo, una mano desviándose hacia su boca y tocándola.
Matthias la alcanzó y colocó sus dedos en el borde de sus labios.
—Chúpalos por mi… oh, joder, sí…
Ella hizo exactamente lo que le había dicho, sus mejillas hundiéndose mientras obedecía, luego su lengua saliendo entre el frente y la parte media de sus dedos antes de que los nudillos desaparecieran de vista otra vez.
—¿Así? —dijo ella después de dejarlos libres.
Tuvo que cerrar los ojos. Era eso o desmayarse… porque todo lo que podía imaginar era su polla en esa humedad, en ese cálido agarre, ella abajo en sus caderas, con la cabeza yendo hacia adelante y hacia atrás mientras esa succión estaba alrededor de él.
—Eres hermosa —le gruñó mientras aventaba los pantalones sobre su hombro.
Hora de ponerse a trabajar.
Sus labios se entretuvieron por el borde superior de las bragas, trazando el camino hacia una cadera mientras sus dedos seguían a su boca, tocando ligeramente, acariciando. Cuando llegó a un lado, quitó el algodón de su cuerpo, deslizándolo hacia abajo por sus largas piernas.
Le iba a hacer el amor con la boca.
Era la mejor experiencia sexual de su vida. Todo era acerca de ella: como se sentía, que le gustaba, que tan lejos podía presionarla antes de dejarla llegar al clímax… y era increíble. Además no tenía intención de detenerse pronto. Tomándola con sus palmas, levantó sus caderas y las inclinó mientras él se estiraba, listo para quedarse ahí para siempre.
Y no era como si no pudiera estar dentro de ella.
Endureciendo la lengua, penetró su centro rítmicamente, alternando el acceso con grandes lengüetazos que cosquilleaban la entrada de su sexo. Más rápido. Más profundo. Más duro. Quería que ella se deshiciera sobre él una y otra vez, que se continuara viniendo contra sus labios, que estallara libre y titilara de regreso a la tierra por el resto de sus vidas naturales.
—Dame lo que quiero —le dijo—. Dame lo que necesito…
Poniendo los dedos en su boca, los empapó y luego los hundió en ella, y ¡oh!, hombre, se sentía bien. Especialmente cuando ella tuvo un orgasmo, las rítmicas contracciones eran algo que parecía desbordarse a través de él como si estuviera liberándose junto con ella.
Cuando se terminó, hizo una pausa para recuperar el aliento, y ella estaba tumbada en glorioso abandono, sus pechos jadeando, su cuerpo todo suelto, su piel sonrojada.
Le tomó a ella un tiempo recuperarse. Incluso intentó hablar un par de veces, pero no pudo continuar.
Eso hacía que un tipo se sintiera como todo un hombre.
—Eso fue… increíble.
Sus palabras fueron más un ronroneo que voz, y dime si no era eso jodidamente fabuloso.
Cuando Matthias sonrió, se sintió un poco malvado, no en el mal sentido, sino en el sentido masculino, como cuando tenías una mujer que querías desnuda, sobre su espalda, en tu cama, y tenías toda la intención de mostrarle algo más de atención.
—¿Te gustaría que continuara? —dijo pausadamente cargado de intención.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por guismo el Miér Feb 05, 2014 8:30 am

Ohhh muchas gracias por por el esfuerzo !
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Nanis el Miér Feb 05, 2014 1:40 pm

Gracias!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por aranoi el Miér Feb 05, 2014 4:27 pm

Muchas gracias!!!! :)
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Miér Feb 05, 2014 9:46 pm

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por luthien1306 el Jue Feb 06, 2014 11:19 pm

muchas gracias x capi  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Shellan el Miér Feb 12, 2014 9:06 am

No puedo esperar para leerlo entero! Muchas gracias por el trabajo!  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maryje el Miér Feb 12, 2014 12:40 pm

@maka.mayi escribió:
@maryje escribió:gracias por el trabajo

esperando el pdf para leerlo completo, le faltara mucho???

Por los momentos creo que si le falta alguito, porque estoy en la uni, y me están explotando :D

disculpen      


Ohhh Maya, espero que pases luego el periodo de pruebas-trabajos-pasantias-y todas esas cosas que te hacen tener con mucha suerte solo tiempo para dormir!

Ya hemos esperado un rato... asi que tendremos que tener mas paciencia solamente.

Gracias por tu trabajo!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por guismo el Jue Feb 13, 2014 7:15 am

Muchas gracias y cuando puedas aqui te esperamos
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por M.E.G. el Vie Feb 14, 2014 11:42 pm

Espero que te vaya muy bien en la uni... eso es lo primero!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Mishii el Lun Feb 17, 2014 1:32 pm

 Me encanta!!    Gracias por su impresionante trabajo!!!     ::pena::      
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maryje el Miér Feb 19, 2014 8:55 am

Que genial!!

Gracias por su trabajo!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por angel eterno el Mar Feb 25, 2014 10:26 pm

Hola Maki, perdón la molestia pero no sabia donde hacer esta pregunta: el quinto libro de la serie ángeles caídos, Posesión ¿también se traducirá en el foro? muchas gracias
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por IPCV el Mar Mar 11, 2014 2:20 pm

@maka.mayi escribió:
@aurafer80 escribió:hola donde puedo acceder a los  primeros libros de la serie?  

Si dejas tu correo te paso los 2 primeros, el tercero está acá en el foro (todos los caps traducidos y publicados)

El 4to ya puedes ir leyéndolo acá

Hola Maka!!!!!!!!!

Yo también quiero los dos primeros libros. Mi correo es p_castro86@hotmail.com

Muchas gracias.  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por IPCV el Miér Mar 12, 2014 12:03 pm

@FRANCESCA22 escribió:
@IPCV escribió:Perdón por molestar tanto  
Me podrían dar el orden de los libros así puedo comenzar bien con esta saga cheers  Y si los primeros libros se encuentran traducidos aquí en el foro.

Muchas gracias!!!!!!lol!
El orden es el siguiente:

Libro 1 Covet
Libro 2 crave
Libro 3 envy
Libro 4 Rapture
Libro 5 Possession

Como seis meses más tarde   , pero muchas gracias    
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maryje el Vie Mar 14, 2014 9:56 am

Como este proyecto ya termino, quisiera saber cuando comenzaran con Possession?????????
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Akire1006 el Lun Mar 24, 2014 2:27 am

Hola! quisiera saber cuando van a subir nuevos capítulos? Y si uds van a realizar la traducción del siguiente libro? Gracias!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Jue Mar 27, 2014 2:25 pm

Bueno ya vengo a colgarles otro capítulo...

Y a responder a sus preguntas, si para el tiempo en que termine con rapture y saquemos en conjunto pdf y epup de envy y rapture no está el de posession por ahí (como ya sabran que está el de rapture) con mucho gusto comenzaría el trabajo para posession, pero de verdad me parece de muy mal gusto que alguien (a pesar de que entiendo la espera por el libro y todo eso) que traduzcan algo que ya esta siendo traducido en vez de dedicar ese tiempo y esfuerzo a otros libros que también deseamos leer...

Por lo que la respuesta a si lo haremos en el foro, no sé realmente, está en proyectos pero si los otros blogs o fans no respetan eso la verdad con el poco tiempo del que dispongo me parece mejor que ellos hagan el trabajo solos :) seria perdida de tiempo, y con este tiempo podría realizar la traducción de otros libros que tengo en mi lista que son muy buenos Razz





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Jue Mar 27, 2014 2:30 pm


Capitulo Treinta

Traducido por Mayra Alfaro
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Mientras Jim permanecía de pie en ese vestíbulo clandestino, estaba listo para darle una buena paliza a su compañero hasta hacer de él uno nuevo.
Por supuesto, para hacer eso, tenía que quitarle de encima esa mesera al bastardo, y por mucho que fuera de la clase de tipo manos-encima, no estaba preparado para acercarse tanto a la situación tipo Saran Wrap .
Jodido.
Literalmente.
Y, sip, este pequeño feliz golpea y muele lo puso en un estado de ánimo aún peor: había venido al Marriott listo para darle una buena a Adrian por las fotografías de esa prostituta, y en lugar de encontrar al ángel trabajando, afuera del cuarto de Matthias, el HDP estaba clavando a esta chica en el mismo pasillo donde aquel atacante había sido asesinado por Devina la noche anterior.
Como si Jim no tuviera ya un pelo entre nalga y nalga.
Esas fotografías, esas malditas fotografías…
Adrian le dijo que había estado en una escena de crimen con Mels, y ahora la mujer estaba mostrando unas imágenes de la víctima femenina cuyo cabello había sido teñido de rubio, y a quién le habían rajado profundamente la garganta, y ni hablar del patrón de runas que había estado en la piel del abdomen, pero ahora —¡pum!— ya no estaban ahí.
Ese ángel tenía que ser el “porqué” detrás de la desaparición.
Así que era tiempo de tener un acercamiento a Jesús con el Sr. Borrador.
Encontrando la mirada de Adrian, retó al tipo a continuar con la cogida, y—mierda—el hijo de puta lo hizo.
La mesera estaba teniendo un gran momento, al menos, de acuerdo a lo que Jim podía ver por detrás, su cabeza sacudiéndose, el cabello volando, esos brazos contrayéndose alrededor del cuello de Ad. Por un momento, Jim recordó algunas de sus propias proezas sexuales, pero entonces se quedó en los recuerdos que no eran relevantes en lo más mínimo:
Él con Devina. Usado y abusado por ella y sus subordinados en su pared de almas.
No tenía idea de porqué se había obsesionado con esa mierda. Eso no había sido sobre sexo; había sido llana y simple tortura, y Dios sabía que había sido entrenado para eso.
Aun así, las imágenes se quedaron con él, persistiendo en el fondo como una peste.
No tenía sentido. Había tenido huesos rotos antes, a propósito, por un enemigo. Había tenido cortes en el pasado también, había sido colgado por los pies y golpeado como un saco de boxeo… oh, sí, y aquella vez en Budapest cuando había sido empacado dentro de aquel carro, conducido fuera de la ciudad, y dejado por muerto después de haber sido trabajado con un martillo de picos…
Abruptamente, la mesera gimió de la forma en que las mujeres lo hacen cuando no están fingiendo: este no era uno falso, todo un sonido elaborado para hacer creer a un tipo que era un dios del sexo. Este era uno de verdad, cuando la hembra se venía tan fuerte que no era siquiera consciente de los gruñidos animales que estaba soltando.
Mientras ella se sacudía, Adrian la mantuvo cargada con apenas algún esfuerzo, bien pensado, la chica estaba bien sincronizada, pegada a él tan fuerte como una capa de pintura. Y, mierda, sus movimientos eran tan universales, él bombeando en un ritmo cada vez mas creciente, ella sacudiéndose alrededor mientras recibía las penetraciones, las absorbía, las disfrutaba. Viéndolo todo, Jim probablemente debería haber estado excitado. Debería haber querido unírseles.
En último caso, debería haber estado cabreado.
En cambio, el pánico hormigueaba en los bordes de su mente, recuerdos de sus brazos inmovilizados y sus propias piernas extendidas ponían una fina capa de sudor encima de su labio superior.
Se volvió para alejarse, no porque estuviera tan enojado que fuera a matar a Adrian, y no porque estuviera indignado o fuera muy recatado para el espectáculo.
Se le revolvió el estómago.
Las manos que sacaron sus cigarrillos temblaban muy ligeramente, y los sonidos de Adrian al tener un orgasmo le hicieron cerrar los ojos por un segundo.
Naturalmente, el bastardo cachondo fue por el dos por uno sin tiempo de recuperación.
Y en realidad Jim no podía empezar a fumar hasta que la mujer se fuera.
Genial.
Cuando los neumáticos finalmente terminaron, Jim miró al otro lado por encima del hombro. Adrian había deslizado a la chica hacia el piso y estaba dejándola descansar la cabeza contra sus pectorales. Cuando le acarició el cabello, parecía completamente distante de ella, hasta el punto donde él probablemente podía haber estado en otro código postal. De hecho, excepto por los instantes cuando disparó su carga, parecía haber estado en algún tipo de piloto automático erótico durante todo el tiempo.
Entonces, ¿por qué demonios se molestaba en hacerlo?
La mesera revisó su reloj, se calmó, y besó a Ad en los labios. Justo antes de irse, sacó una pluma y agarró la mano de Ad. Con grandes trazos, le marcó con tinta un número en la palma, y luego le curvó los dedos como si le hubiera dado alguna clase de regalo. Luego haciendo girar su cabello, se fue, prácticamente dando saltitos por el corredor en la dirección que la llevaría a la cocina del restaurante.
Adrian se abrochó el frente de los pantalones con eficiencia. —Antes de que te pongas con los humos subidos, puse un hechizo de protección por toda la habitación. Están bien.
Jim encendió un cigarro y exhaló fuerte, el humo salió disparado de su boca. —¿Qué demonios pensaría Eddie acerca de esto?
Esos ya de por si fríos ojos, se estrecharon hasta parecer rendijas. —¿Perdón?
—Oíste lo que dije.
Adrian lo pinchó con un dedo. —No juegues esa carta. Nunca…
—¿Qué hubiera pensado acerca de que tú estuvieras aquí abajo, jodiendo a una chica durante el trabajo? —Jim le dio la vuelta a su cigarrillo y miró su brillante y encendida punta—. Y ni siquiera parecía que lo estuvieras disfrutando, así que no es como si estuvieras fuera de tu puesto por una buena razón.
Olas de ira distorsionaban el aire entre ellos, la ira del otro ángel era tan palpable que prácticamente parecía una fuente de luz.
—Voy a decirte esto una vez —dijo el tipo—. Y sólo una vez…
—Eddie no habría estado impresionado por esto…
El ataque fue muy rápido, muy feroz, Jim no tuvo tiempo de botar su cigarrillo. Cuando Ad se aferró a la garganta de Jim con las dos manos, esa punta encendida fue hacia arriba… y cayó directo en el cuello de su camisa.
Pero la quemadura era el menor de sus problemas.
Metiendo las manos entre ellos, separó ese agarre bien abierto y golpeó dando un cabezazo, dándole al otro ángel directo en el suave cartílago de la larga nariz. Excepto que, aparentemente, Adrian no tenía sensación alguna ahí tampoco, justo le lanzó un derechazo curvo que dio violentamente a un lado de la oreja de Jim como una camioneta.
Inclinándose hacia un lado, se encontró sobre un montón de sillas y le dio la vuelta a su impulso, lanzándose a si mismo de vuelta al tipo, quien resultaba que había encontrado su posición de lucha y estaba claramente listo para convertir esto en un libre-de-todo de la UFC .
Había una gran parte de Jim que también quería una buena y sangrienta lucha mano-a-mano con el tipo. Pero sería difícil jalar el banquillo, que era lo mejor que hacía Eddie cuando estaba preparado para tener ciento cincuenta rounds con el tonto-hombre-prostituto que había en este corredor.
Un golpe en las tripas le puso freno a todo el asunto.
Jim simuló que iba a levantarse, y Ad estaba tan cabreado y exprimido, que cayó en la trampa. Cuando dejó desguarnecido su ombligo, Jim fue abajo y rápido, tan rápido que no había oportunidad de bloquear, y tan abajo que la polla y las pelotas estaban involucradas.
El cabrón iba a cantar las notas altas como Justin-chupapollas-Timberlake por un rato.
Adrian se hundió sobre su ingle, sus manos formaron una copa protectora que llegó tarde cerca de tres segundos para proteger sus gónadas.
Jim sacudió el ahora-aplastado cigarro fuera de su camisa. Su piel se había quemado en el hombro, pero comparado con el zumbido en los oídos, era nada.
Se preguntaba si tenía una contusión.
Más demencia no era lo que necesitaban en este round.
Parándose a un lado del bastardo, Jim dijo con voz gutural. —Sé lo que hiciste.
Adrian dejó que una rodilla bajara hasta el suelo. Luego la otra. —Duh. Joder, tú lo viste.
—La prostituta. Las runas en su estómago. Las quitaste de ahí, ¿no es así?
Ad comenzó a mover los labios, pero las maldiciones no llegaron lejos.
—Permíteme ser perfectamente claro. —Jim se inclinó sobre él y puso su cara directo frente a la del tipo—. Si alguna vez vuelves a ocultarme información de nuevo, estás fuera del equipo, si Nigel no hace los arreglos necesarios, me encargaré del puñetero trabajo. Me entendiste.
No fue una pregunta.
Cuando los ojos de Adrian se elevaron, eran como dos sopletes montados a través de la parte trasera de su cráneo, pero a Jim le importaba una mierda. El ángel podía hacerse volcán si quería; ellos no iban a trabajar en algún otro término.
Cuando Ad finalmente habló, las palabras eran roncas, los pulmones del otro ángel estaban todavía más enfocados en re-oxigenarse por el golpe en las bolas que en permitirle refunfuñar. —¿Piensas que Devina… hizo eso porque iba a serte de ayuda?
—No es el punto. —Jim sacudió la cabeza—. Tú no puedes editar este juego…
—Oh, así que soy un completo estúpido porque estaba tratando de ayudarte…
—Necesito saber lo que ella está haciendo.
Ad se dejó caer sobre el trasero y se restregó la cara. —Vamos, Jim, ella está tratando de joderte la cabeza porque no la dejas joder tu cuerpo. Eso y una ecuación física y puedes resolver los misterios del maldito universo. Tú lo sabes. Así que para qué son importantes los detalles del mensaje.
—Si no puedo confiar en ti, no sé realmente cuál es mi posición.
—Y si ella se mete bajo tu piel, habremos perdido tanto a Eddie como a ti.
Su competencia lógica agotó los vestigios finales de emoción que estaban en el aire, dejando un agotamiento penetrante que era claramente común.
—Maldita sea —respiró Jim, mientras se sentaba al lado del tipo.
—Eso apenas cubre las cosas.
Jim sacó sus Marlboros. El paquete estaba aplastado, un par de cigarros rotos por la mitad y por lo tanto, inutilizables. Pero encontró que el último estaba todavía lo suficientemente intacto para prenderlo.
Cuando lo encendió, miró por encima a donde había sucedido la cogida. La debilidad que había sentido en esos momentos era justo una razón más para odiar al enemigo.
Adrian miró hacía adelante. —Eddie hubiera hecho lo mismo acerca de esas runas.
—No, no lo hubiera hecho.
Esos ojos se volvieron severos de nuevo. —No lo conociste más que durante cuestión de semanas. Créeme, él hacía lo que era necesario en todas las circunstancias, y cualquier cosa que tenga que ver con Sissy Barten es tu talón de Aquiles.
—Obstruir información…
—Podemos sólo dejar esto…
—… es casi como un delito con respecto a hombres como tú y yo.
—… y volver al trabajo.
Cuando los temperamentos empezaron a hervir a fuego lento otra vez, como si sus respectivas ollas hubieran sido regresadas a la estufa del demonio, Jim maldijo. Ves, este era el problema ahora que Eddie se había ido. No había árbitro para marcar el punto o la falta y mandarlos a ambos a reencaminarse.
No había voz de la razón.
Y como que Ad tenía un punto. Jim estaba un poco obsesionado con Sissy, y Devina era lo suficientemente lista para saberlo. Pero después de haber estado años en el campo de batalla, la única cosa que Jim sabía que importaba tanto como su propia competencia era la Inteligencia, la información era siempre la mejor arma y el escudo más fuerte que tenías contra el enemigo. Si conocías sus pensamientos y sus acciones, su ubicación y sus movimientos, podías planear tu estrategia.
—No hay mucha tierra sólida en este juego —dijo Jim después de un rato—. Estoy peleando sobre arena, contra un oponente que tiene sus tacones sobre concreto. La mierda ya está amontonada en nuestra contra, y si tú estás filtrando, es una maldita cosa más sobre la que tengo que preocuparme.
Adrian le echó una ojeada, absolutamente en serio. —No estaba tratando de joderte. De verdad.
Jim exhaló maldiciendo. —Te creo.
—No lo haré de nuevo.
—Bien.
Al evaluar los daños, aunque no se abrazaron o alguna mierda, se imaginó que podían darse ellos mismos unas estrellas doradas: esta discusión había salido mucho mejor que esa primera a un lado del camino. En ese entonces, Eddie había tenido que separarlos. Suponía que estaban progresando.
—Una última pregunta.
Adrian lo miró por encima. —Adelante.
—¿Qué decía?
Cuando el silencio se extendió, Jim supuso que no era una buena señal. Sip… si alguien como Ad estaba en realidad escogiendo sus palabras, era en realidad una maldita mala señal.
—¿Quieres ganar esto? —Preguntó el otro ángel—. Y no estoy hablando sólo de esta ronda. Estoy hablando sobre toda la maldita guerra.
Jim estrechó los ojos. —Sí, lo quiero.
Jesús, se dio cuenta, de que en realidad era la verdad.
—Entonces no me pidas que lo traduzca. Nada bueno va a salir de ello.
Hubo un tenso silencio mientras Jim medía a su compañero: hombre, Adrian estaba viéndolo directamente a los ojos, sin algún tipo de embuste, todo en su enorme cuerpo estaba quieto como si estuviera rezando por recibir la respuesta correcta.
Mierda, el ardor por saber los detalles era como el peor tipo de indigestión… pero era difícil argumentar con la actitud seria-de-muerte del otro ángel.
—Está bien —dijo Jim ásperamente—. Me parece justo.



Arriba en la habitación de Matthias en el sexto piso, Mels estaba tendida relajada sobre la cama, sus brazos sueltos, las piernas sacudiéndosele involuntariamente, su mente flipada y hasta más.
Se sentía como si hubiera tenido el mejor entrenamiento que hubiera recibido alguna vez en el gimnasio, seguido de la más increíble sesión de yoga, y encima de todo una visita a un spa especializado en masajes de tejido-profundo y reflex-estúpido-ología.
Oh, y también sentada frente a una barra de helado que tenía cubierta caliente hecha de trufas.
Éxtasis. Puro éxtasis. El mejor sexo que había tenido alguna vez, aún y cuando no habían tenido sexo en realidad…
Junto a ella, Matthias estaba acurrucado de lado, su cabeza sobre la almohada que quedaba en la cama, un brazo metido, una pequeña sonrisa de auto satisfacción en su cara severa. Al voltear a mirarlo, lágrimas inesperadas picaron en los rabillos de sus ojos. Él había sido tan generoso, sin pedir algo a cambio, aparentemente saciado sólo por el hecho de hacerla sentir bien.
—¿Qué esta mal? —Dijo él tranquilamente mientras le quitaba una lágrima con su dedo índice—. ¿Te hice daño?
—No, Dios no… Yo sólo… —Era difícil de explicar sin correr el riesgo de hacerlo sentir inadecuado, y eso era lo último que quería, después de todo lo que había hecho por ella—. Sólo emotiva, supongo.
—Mentira. Tú sabes que es. —Su voz era plana, su mano firme mientras le acariciaba hacia atrás el cabello—. Y puedes decirme.
—No quiero arruinar esto. —Sorbió un poco—. Fue tan perfecto.
—¿Entonces éstas por qué son? —Matthias le dio la vuelta a ese índice para que pudiera ver el brillo en la punta—. Habla conmigo, Mels.
—En verdad desearía poder darte lo mismo… tu sabes, quiero hacerte esas cosas.
Su expresión no cambió, pero sabía que le había dado donde dolía: podía decirlo por la forma en que su respiración se detuvo, y luego abruptamente continuó, como si se hubiera recordado a si mismo tomar aire.
—A mi me gustaría eso también —dijo él ásperamente—. Pero aún si mi plomería funcionara, lo que tendría para ofrecerte no valdría la pena de ver, mucho menos de tocar.
—Te lo dije, eres…
—Y además, lo que hicimos es más que suficiente para mí. —Ahora él sonrió, aunque sus ojos permanecieron serios—. Siempre lo recordaré… y a ti.
Una fría ola de terror se extendió dentro de ella, sustituyendo la calidez.
—¿Tienes que irte? —preguntó después de un momento.
—Sí, tengo que hacerlo.
Mels se estiró y jaló las sábanas alrededor de su cuerpo. —¿Cuándo?
—Pronto.
—¿Te puedo pedir un favor?
—Lo que sea.
—Dime antes de que lo hagas. No dejes que me entere porque no pueda comunicarme contigo. Prométeme eso.
—Si puedo, lo haré…
—No es suficiente. Júrame que me lo dirás, porque no puedo… no quiero vivir con la incertidumbre. Sería un infierno para mí.
Él cerró sus ojos brevemente. —Vale. Te lo haré saber. Pero necesito algo a cambio.
—¿Qué?
—Quédate conmigo ésta noche. Quiero despertar contigo.
Su cuerpo se relajó, su corazón se liberó. —Yo también.
Cuando él le extendió los brazos, ella se acurrucó contra él, poniendo la cabeza contra su pecho, escuchando el latido de su corazón mientras sus manos le hacían círculos en la espalda, y la frotaba lento y parejo. Hablar sobre sexo y partidas la puso ansiosa; el contacto, sin embargo, la tranquilizó hasta el punto en que empezó a quedarse frita.
Desafortunadamente, tenía la sensación de que a él no le pasaba lo mismo, y deseó que hubiera una forma de tenerlo relajado. Pero parecía que esta era otra cosa más sobre ellos que era de un sólo sentido.
—¿Matthias?
—¿Sí?
Te amo, terminó en su cabeza. Te amo a pesar de que eso no tenga sentido.
—Después de que te vayas, ¿puedes regresar alguna vez?
—No quiero mentirte —dijo él con voz quebrada.
—Entonces supongo que es mejor que no contestes a eso.
Matthias giró su cara hacia su cabello y la besó. —No te dejaré esperando.
Oh, pero lo haría. Después de que esto se terminara, tenía la sensación de lo iba a estar buscando en cualquier multitud, en cada banqueta, a la vuelta de cada esquina.
Por el resto de su vida.
Las pérdidas simplemente apestaban, pensó. Y uno debería asumir que cuando te haces viejo, junto con las otras habilidades que desarrollabas lo hayas querido o no, serías mejor en ello.
En cambio, sólo parecía darte un puntapié la lista completa de cosas a las que habías sido obligada por el destino a dejar atrás: el hecho de que él iba a despegarse de su vida como un carro saliéndose de una curva la hacía sentir como si su padre hubiera muerto ayer.
Mels movió sus brazos para poder abrazarlo también. Y por supuesto, el instante en que sus manos hicieron contacto con su cuerpo, se tensó, pero a la mierda con eso. Él iba a tener que permitirle tocarlo de alguna manera.
Aunque estuviera magullado… aunque permanecieran las cicatrices en su piel… él era hermoso para ella.
—Me has arruinado para otros hombres, lo sabes —dijo.
Él se rió con dureza. —No a menos que te gusten los de tipo Frankenstein…
Mels levantó la cabeza. —Detente. Sólo, detente. No puedes impedirme que diga cualquier mierda sobre ti, así que vas a tener que tragártelo si quiero poner mis manos sobre ti. ¿Estamos claros?
En la tenue luz que llegaba desde el baño, él empezó a sonreír, pero luego perdió la expresión, una extraña emoción se filtraba a través de sus rasgos.
En voz baja, él dijo—: Eres un ángel, ¿lo sabías?
Mels giró los ojos y puso su cabeza de nuevo sobre sus pectorales. —Difícilmente. ¿No me has oído maldecir todavía?
—¿Quién dice que los ángeles no pueden tener bocas sucias?
—Claro que no.
—Oh, y ¿cuándo conociste a uno últimamente?
Por alguna estúpida razón, una imagen de Jim Heron saltando hacia adelante y poniendo su propio cuerpo en el camino de la trayectoria de aquel panel del techo, vino a su cabeza.
Si él no hubiera aparecido en ese preciso momento, ella podría haber muerto.
—En realidad, quizá tengas un punto —dijo sintiendo un escalofrío—. Pude ver como están allá afuera… de verdad pude.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por luthien1306 el Jue Mar 27, 2014 3:47 pm

muchas gracias x el capi.... no lo esperaba.... pense que habia que esperar el PDF  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por romantic el Jue Mar 27, 2014 6:41 pm

empiezo a leer
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por iels010 el Vie Mar 28, 2014 8:06 pm

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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por maka.mayi el Lun Mar 31, 2014 9:37 pm


Capitulo Treinta y Uno

Traducido por Nena Rathbone
Corregido por MariPG

—Pablo, ¿me estas tomado el pelo? —La mujer se levantó de la silla bruscamente —Esto es... rubio.
La inflexión en esa voz aguda hizo que sonara como si alguien hubiera arrojado mierda sobre la corona de su cabeza.
Al contrario de cambiar su cabello rojo brillante de mal gusto a rubio que perfectamente complementaba su tez químicamente pálida.
Francamente, Devina estaba un poco ofendida. La mierda estaba caliente.
Mirando desde los ojos de Pablo, la demonio coloco las manos del hombre sobre sus caderas y decidió que estar en la industria del servicio no la complacía. Que dolor. En. El. Culo. La muy puta había estado retrasada por treinta minutos a la cita, había querido una soda mientras procesaba —¿Cómo si este lugar fuera un jodido restaurante?— y luego se había quejado sobre la temperatura del enjuagado en el lavado en el fregadero.
Y ahora esta actitud.
—Pienso que te gustara cuando esté seco.
La voz con la que hablo Devina, fue suave y ligeramente acentuada una variante Sur Americanita imposible de localizar. Luego otra vez, Pablo era una invención propia, aparentemente, un humano que, como ella dijo, eligió vestirse así mismo, de maneras que se viera mejor de lo que en realidad se veía, sonaba y venia.
De hecho él era de Jersey.
Lo había buscado en Google en su escritorio, cuando las cosas se habían estado cocinando en su cabeza, porque no había nada más que hacer—y Dios sabia que hablado con el cliente era suficiente para ella quisiera que Pablo se disparase el mismo.
¿Tal vez debía haber dejado un par de asistentes? Nah, entonces ella habría tenido que tratar con ellos.
—Déjame trabajar con esto, —dijo ella cerca de la boca de Pablo, mientras ella pasaba las manos del hombre a través de los nudos largos y húmedos. —Yo trabajo con esto, ya veras.
La cliente empezó un discurso quejón, recordándole a Devina algunos de esos ridículos trabajos que se habían hecho la otra noche cuando miraba el maratón de Bridezilla en WE Tv—y también porque ella nunca podría ser lesbiana. El sabor del pene bamboleado de Jim Heron, la mierda-machista al cuadrado eran más fácil de soportar que los inexorables, chupa-almas, melodrama pasivo-agresivo:
…Bla bla bla! Bla-bla! Bla bla blablablabla bla bla…
La cháchara continuo por un rato, pero como todos los diluvios, eventualmente la mierda para. —Bien —dijo la puta—. Pero, más te vale que me guste.
Devina sonrió con boca de estilista y tomo un cepillo y un secador de cabello. Utilizando el mismo movimiento, largo y parejo con el que ella se arreglaba su propio cabello, ella se puso a alisar los largos semi-rizos. Mientras ella trabajaba, pensó en hace un mes, cuando llego a su propia cita a tiempo—Pablo era el mejor en la ciudad, después de todo—solo para enterarse que el sucio-trasero de esta mujer había llegado, cabreada por el corte que le habían hecho. Pablo había ignorado todo el ruido, porque no había otra opción, lanzándola en la silla, rociándole el cabello con un spray de agua, sacando las tijeras.
Devina se había retrasado casi una hora, y todo por menos de un decimosexto de pulgada quitado de los extremos.
¿Cómo si la perra se hubiese arreglado el cabello en la mañana con ayuda de una cinta métrica?
A veces el karma realmente regresaba y te mordía en el culo.
Se tardó siglos en secar la combinación de extensiones y otras cosas reales, pero Devina no estaba preocupada por la intrusión: había cerrado la puerta del salón y no había manera de ver el interior. Además la ubicación tranquila era otra cosa trabajando a su favor. El establecimiento de Pablo estaba en la parte lujosa del pueblo, en una calle repleta de tiendas que vendían ropa de cama francesa, papelería inglesa y zapatos italianos.
Esta era a tierra de las espositas del country-club, y eso significaba que todo lo demás y este salón cerraban a las seis en punto.
En términos generales, las chicas robots tenían que ganarse su sustento cuando sus maridos volvían a casa.
Y en esa nota, Devina tenía la sensación de que la chica en la silla era la segunda esposa de alguien. Entre las tetas falsas, el botox, y la cosa demasiado delgada, era frágil la versión nerviosa de una mujer—que era lo que ocurría cuando te gustaban cosas que no podías pagar, y te has vendido a ti mismo a una persona vieja para obtenerlas.
Por otra parte, tal vez ella estaba jodiendo a su “maestro de Pilates” en su lugar.
Cuando Devina finalmente soltó el secador y el cepillo de las manos de Pablo, la perra se estaba inclinando hacia delante en la silla, esponjando todo y girando de un lado a otro.
A ella le gusto.
—Bueno, no voy a pagarte. Esto no fue lo que pedí. Y lo odio. —Ecepto que ella estaba haciendo ese apretar arrugado con sus labios inyectados, como si estuviera posando para una cámara. —No te estoy pagando.
En realidad, esto era bueno. Una posibilidad menos de que este atada a Pablo. Devina no estaba dispuesta a perder a su estilista, y el no era más que un punto medio en todo esto, un punto de paso que no podría recordar nada.
La cliente tomo su ridículo bolso LV Takashi Mukurami―¿Cómo si alguien no le hubiese dicho que tenia que ser de quince para llevar esa mierda?
—No se cuánto tiempo más podré seguir viniendo aquí.
Ah. Devina, sabía la respuesta a esa pregunta.
No por mucho.
La boca de Pablo comenzó a agitarse, esa voz falsamente acentuada haciendo todo tipo de cariñosos elogios mientras el objetivo marchaba al vestuario y cerraba la puerta.
Con un poco de tiempo en sus manos, Devina envió las piernas de Pablo al escritorio de la recepción. Quería comprobar y ver cuando era su próxima cita, pero todo estaba computarizado, y aunque podía buscar cosas en Google, no era una hacker.
Era a finales de esta semana, ¿no?
Cuando la mujer salió con un conjunto “fashion-forward” que parecía haber sido elaborado por un cubista daltónico que la odiaba, ella parecía haber obtenido ya el hábito de hacer menear su cabello rubio alrededor.
Esta mujer merecía morir en demasiados niveles que contar.
“Pablo” acompañó a su cliente hasta la puerta, y eso significaba que era la hora de que Devina se separara de su huésped. Mientras ella se separó del chico de Jersey, ella lo dejó sin recuerdos de haber visto su último cliente. Por lo que él sabía, la mujer que ahora era rubia no había aparecido—y la policía, cuando encontraran el cuerpo no serían capaz de rastrear el color de cabello hasta él.
Devina no había utilizado el material de la barra de color. Demasiado complicado.
Más L’Oreal.
Y durante el proceso, ella salió por atrás y puso la caja del tubo usado y la botella, en algún coche que estaba estacionado al azar dos tiendas abajo.
Nadie iba a asociar esto con Pablo—y si lo hicieran, él iba a pasar cualquier detector de mentiras con gran éxito, porque en lo que a él concernía, él nunca había visto a la perra.
Fuera, el aire era fresco y Devina asumió una imagen masculina anónima mientras seguía muy de cerca a la reciente rubia. La mujer inmediatamente saco su teléfono celular, como si estuviera tan emocionada por compartir su historia de trauma en la peluquería,
Lo siento, cariño, de-ninguna-manera.
Con un rápido parpadeo de energía, Devina noqueo al iCualquiera—como si fuera otro servicio público. No había duda que ella acababa de salvar a alguien que no le importaba una quinceañera la indignada estampada de Louboutin sobre La Tragedia de Pablo.
A medida que la mujer se detenía y trataba de solucionar el problema del teléfono golpeándolo contra su palma, Devina andaba por ahí, las manos en los bolsillos de sus jeans, la cabeza baja, calmada.
Ella continúo a lo largo de la hilera de tiendas oscuras, comprobando los alrededores. No había nadie más en la aceras, nadie pasaba por el camino, nada se estaba haciendo.
Ella supo cuando su presa reanudo su caminata, gracias al clip-clip de los tacones de aguja sobre el concreto. Y ahí estaba las maldiciones por supuesto.
Cuando las intermitentes de un solitario Ranger Rover negro destellaron media cuadra abajo, Devina sonrió. Había un cruce de calles que cortaban a través de la línea de tiendas a unos metros de distancia, y eso era justo lo que necesitaba.
Disponiendo, cuatro farolas se apagaron de repente, aminoró el paso y dejo que esos tacones se apresuraran.
Fue un caso de perfecta ejecución.
Literalmente.
Devina apareció alrededor en el momento justo y cogió un puñado de ese pelo rubio, asegurando un agarre lo suficientemente fuerte como para sacar a la mujer de sus pies. Luego, en una rápida sucesión de movimientos, el demonio dominó la situación, tomando el control de brazos y piernas que se agitaban alrededor, cambiando una palma y así la boca estuviera cubierta, sosteniendo duro y rápido.
Fuerzas superiores se movilizaron para arrastrar a la victima a corto-circuito, hacia más oscuridad a medida que más farolas se fueron apagando a voluntad.
No había tiempo que perder. Sí, esta parte de Caldwell era un adormitado festival por la noche, pero un coche podría venir en cualquier momento, y sería bueno disfrutar de la matanza en paz.
Cuando las sombras densas las trago a ambas, Devina no estaba preocupada por que el Creador se enojara sobre este tipo de cosas. Ella había estado en la tierra desde que el tiempo había comenzado, su naturaleza se expresaba exactamente a través de este tipo de mierda.
Y nadie podía argumentar que este grano en el culo era parte de la gran búsqueda de Jim Heron para ganar el juego. Esta era una cuestión marginal.
Ahora… ¿Si esta mujer pasó a ser asesinada de una manera similar a como había sido otra chica asesinada? ¿Si había un patrón tallado en un poco de piel que tenia un carácter rúnico exactamente como dijo el otro cadáver? ¿Si había algunos puntos comunes en el grupo étnico y el color del cabello?
¿Y si esa mierda le molestaba a Jim Heron, causando distracción, inquietud y disfunción?
Bueno, como su terapeuta siempre decía, solo puedes controlarte a ti mismo y a tus acciones.
Si Jim no podía no podía soportar la mierda, no era culpa…o problema de Devina.





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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Shellan el Mar Abr 01, 2014 8:22 am

Muchas gracias por los capitulos Maka!!!  ::zo5::
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por guismo el Mar Abr 01, 2014 5:54 pm

gracias !!!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por atenea01 el Vie Abr 25, 2014 8:07 pm

oigan un favor se esta es una saga me la podrian mandar estoy super   por que no si este es el primero o hay mas por favor mi correo es cats142@hotmail.com
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por rosali19 el Vie Abr 25, 2014 8:52 pm

gracias por la traducción me encanta esta serie. van a traducir los libros que faltan?
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Heras el Miér Abr 30, 2014 8:21 am

Me encanta esta escritora 
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Shellan el Sáb Mayo 10, 2014 7:54 am

Capi?  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por modesty el Sáb Mayo 10, 2014 11:57 pm

Gracias por la traducción
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por angel eterno el Dom Mayo 11, 2014 7:04 pm

Gracias  por todo tu trabajo
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por rosali19 el Miér Mayo 14, 2014 7:35 pm

gracias en un gran trabajo el que realizan 
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Alexita el Lun Mayo 19, 2014 11:22 am

Muchas grcias por su trabajo :D!! Me encanta esta serie.
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Shaira el Mar Mayo 20, 2014 9:51 pm

Gracias  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Alissa el Sáb Mayo 24, 2014 12:44 am

Que ganas de leerlo completo, graciass!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por yumeshinki09 el Lun Mayo 26, 2014 9:43 pm

waaa!!! que emoción quiero leer esta saga amo a la Ward!!  
alquien de corazón amable que me pase los dos primeros libros???
Gracias por su trabajo, tiempo y esfuerzo que dedican a traducir  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por luthien1306 el Dom Jun 08, 2014 6:21 pm

esperare pacientemente x mas capis
                                 
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por star23 el Lun Jun 09, 2014 3:01 pm

@luthien1306 escribió:esperare pacientemente x mas capis
                                 

el pdf ya salió amiga, búscalo y descárgalo  
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por aranoi el Lun Jun 09, 2014 3:14 pm

@star23 escribió:
@luthien1306 escribió:esperare pacientemente x mas capis
                                 

el pdf ya salió amiga, búscalo y descárgalo  

Me podrias decir donde, pq no lo encuentro por ningun lado.
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Shellan el Jue Jun 19, 2014 3:59 pm

Mmm..chicas, si van a terminar con la traduccion de Rapture, verdad?
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por macb el Jue Jun 19, 2014 4:45 pm

Buenas tardes, quería saber si es vedad que ya esta el PDF y como puedo descargarlo..... Mil Gracias
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por star23 el Vie Jun 20, 2014 10:46 am

@aranoi escribió:
@star23 escribió:
@luthien1306 escribió:esperare pacientemente x mas capis
                                 

el pdf ya salió amiga, búscalo y descárgalo  

Me podrias decir donde, pq no lo encuentro por ningun lado.
Disculpa pero me equivoque el pdf que anda por internet no es de este foro sino de una persona que hizo la traducción 
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por modesty el Sáb Jul 26, 2014 11:31 pm

Gracias por la traducción
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por CarolinaOrtega el Lun Oct 27, 2014 10:18 pm

Alguien sabe algo de possession! Lo he estado Buscando y no lo encuentro!
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por KEILY el Dom Ene 04, 2015 12:44 am

Excelente libro
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por angel eterno el Lun Ene 05, 2015 12:43 am

Gracias
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Re: Rapture (Ángeles Caídos 4) - J.R. Ward

Mensaje por Akire1006 el Lun Ene 05, 2015 7:18 am

Ya rapture esta completo online o en pdf?
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